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La edad de la sabiduría

“Más sabe el diablo por viejo que por diablo.”

Hace algunos días tuve la oportunidad de participar en un congreso internacional científico-teológico. Fue una gran experiencia que me abrió los horizontes y me permitió conocer investigaciones científicas que se están llevando a cabo en este momento. Pero no es la temática lo que quiero resaltar; una de las cosas que más me impresionó fueron las personas.

Sólo por enumerar a algunos de los participantes y exponentes: dos premios Nobel, uno de los inventores de internet y vicepresidente de Google, y numerosos profesores de universidades reconocidas a nivel mundial. El nivel de las conferencias se encontraba en la vanguardia científica y tecnológica, o como dirían en inglés: state of the art. La temática general giraba alrededor de la luz, ya que en este año se conmemora el “año de la luz”, pero cada experto trataba un tema de su campo, exponiendo importantes descubrimientos y los últimos avances de sus investigaciones.

Se trataba de gente importante y famosa, genios y pioneros del mundo en que vivimos… pero ¿qué me sorprendió más? Sencillo: la media de la edad. No he hecho los cálculos, pero creo que no apuntaría lejos si la colocara arriba de los 65 años. A excepción de dos o tres de los participantes, todos superaban el doble de mi edad (tengo 23 años). Quizá este último dato se podría decir no solo de sus vidas completas sino sólo de los años en que han realizado sus estudios desde que se graduaron: un premio Nobel no se gana de la noche a la mañana.

Algún joven podría preguntarse, con ingenuidad: “y esto ¿qué importa?”. En un mundo como el actual, que corre a velocidades supersónicas, esto resulta fundamental. Todo lo queremos listo al instante. Queremos poder descubrir América con la primera idea que se atraviesa por nuestra mente distraída. Queremos alcanzar el éxito con sólo desearlo. Queremos que todo salga perfecto a la primera. Para eso están estas personalidades aquí: para recordarnos que una vida de cinco estrellas no se cocina en microondas.

A Ada Yonath, premio Nobel de química (2009), le rechazaron sus estudios por más de quince años, porque a los “expertos” les parecía ridículo. Nunca habían oído hablar de una idea como la suya, así queconcluyeron que no podía ser verdad. A Vint Cerf, las compañías de telecomunicaciones no le aceptaron su idea de mandar “postales electrónicas” porque no creían que funcionaría. Resulta que esa idea llegó a ser lo que hoy conocemos como “internet”. Lo mismo podría decirse de miles de genios, científicos y exploradores que han afrontado las contrariedades de la opinión pública por largo tiempo, sin rendirse, porque tenían fe en sí mismos y en su ideal.

Podríamos regresar a la antigüedad y encontraríamos a personajes como Platón, Sófocles, Homero, Hesíodo, Catón, Néstor, san Jerónimo, san Alberto Magno y miríadas de personajes que llenan las páginas de nuestra historia. Todos ellos, cual cisne que se acerca a la puerta trasera de su existencia terrena, cantaron con igual hermosura en el ocaso de sus vidas. Lo que la vejez ha perdido de fuerzas y agilidad físicas, lo compensa, y con creces, en sabiduría y experiencia.

Pero está gran sabiduría no se da necesariamente por haber superado los 50, 60 ó 70 años. Se forja cada día, cada hora, cada segundo. Cada clase, cada libro, cada conversación es una fuente de saber que se conecta al pozo inagotable de la sabiduría. No podemos permanecer inertes. Hay que poner manos a la obra de inmediato. Un año, un mes, un día perdido podría equivaler a centenares de personas que no son felices porque quien podía alegrar su vida se distrajo por el camino. El futuro de toda la humanidad depende de cada uno de nosotros: es un gran poder el que manejamos en nuestras manos, el poder de cambiar el futuro. Y con un gran poder, viene una gran responsabilidad.

Foto: TheWhisperOfThisSoul

"Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad!" (Sal 15,6) Nací en El Salvador. Sólo Dios sabe cómo llegué a la Legión: lo que importa es que ya estoy donde quiero estar. Ahora trabajo en la promoción vocacional en Centroamérica, mientras me acerco cada vez más al sacerdocio.

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