La dictadura del «se»

“Se” dice que… “Se” piensa que… “Se” suele hacer así… ¿Quién es el sujeto de todas estas frases que escuchamos tan a menudo? ¿Quién es el sabelotodo «se» que siempre quiere que hagamos las cosas como a él le gusta?

Todos sabemos lo que es tomar una decisión. No siempre es fácil decidir. A veces hay muchas opciones, a veces muchas implicaciones, a veces muchas opiniones o muchos argumentos a favor y contra… Hay un argumento bastante común que puede resumirse en un simple: “aquí se hace así”. En su forma de pasada puede ser incluso más contundente: “aquí siempre se ha hecho así”.

El “aquí se hace así” se presenta como respuesta y solución de modo dogmático y categórico. No se le puede discutir. De hecho a veces toma la forma de “aquí se hace así y punto” para enfatizar su dictadura. Parece que el sujeto que manda es inapelable. Pero ¿por qué? ¿De dónde le viene la autoridad a este sujeto indefinido?

El sujeto del «se» puede encontrarse en dos “lugares”. El primero es la costumbre. El segundo es la rutina. Ambos tienen un aspecto positivo y también uno negativo.

El «se» de la costumbre tiene la autoridad de la tradición. Si todos los que han hecho esto antes lo han hecho así, es por alguna razón. Probablemente es porque es la mejor manera de hacerlo. Esa es la parte positiva y no debemos perderla de vista. El problema es que no siempre es así. Para estar seguros habría que preguntar: ¿desde cuándo se hace así? ¿las circunstancias por las que se empezó a hacer así son las mismas de ahora? O también, ¿todos los que han hecho esto de este modo han decidido hacerlo así sólo porque antes también se hacía así? ¿O en cambio ellos se han preguntado si esa era la mejor manera de hacerlo en su momento y por eso repitieron lo que hacía “el anterior”? Hay que hacernos estas preguntas para aprovechar positivamente la sabiduría del pasado y no ser simplemente esclavos de la costumbre. Más aún si tomamos en cuenta que tras esa costumbre –que no siempre es temporalmente remota–  puede esconderse alguna ideología o una voluntad arbitraria y atropelladora.

El «se» de la rutina tiene la autoridad de la practicidad. El hombre tiende a la comodidad. Hacemos las cosas rutinariamente del modo más práctico. Esto puede ser algo positivo. El peligro es seguir la rutina –tanto la propia como la ajena– sin ningún tipo de examen crítico. Seguir lo que hacen todos o lo que hace la sociedad sólo porque “así se hace” no es en sí un acto de madurez. Este peligro puede empezar como “borreguismo” y terminar como esclavitud. Haciendo preguntas similares a las que hicimos en el caso de la costumbre nos daremos cuenta de que el camino de la rutina establecida no es necesariamente el mejor.

Lo importante, sea cual sea el caso, es preguntarnos el porqué. Cuando nos preguntamos el porqué actuamos con conocimiento de causa. Entonces tenemos un criterio propio sobre nuestros modos de actuar. Nuestras decisiones serán nuestras. Si sólo seguimos las órdenes del «se» nos convertimos en sus esclavos ciegos y adormilados.

Incluso cuando la indicación del «se» sea la correcta debemos hacerla propia. No se trata de una “rebeldía sin causa”. Se trata de reivindicar tu capacidad de decidir lo que te compete y no heredar infantilmente decisiones de otros. Si conviene heredarlas entonces las heredaremos con consciencia y valorando lo recibido. De este modo vamos a vivir la vida en activo y no en pasivo. Vamos a disfrutar más de lo que hacemos porque vamos a entenderlo. Vamos a estar en continuo crecimiento. No vamos a dejar todo igual. Vamos a aprovechar el pasado, pero también enriquecer el futuro con el presente. Vamos a seguir a los demás, pero también aportar algo que venga de nosotros mismos.

(La intuición de tematizar el «se» la tomo de Martin Heidegger en Ser y Tiempo).

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