La debilidad de Dios – LC Blog

La debilidad de Dios

“Los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: «Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco». Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a solas a un lugar desierto. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas.” (Mc 6,30-34 / XVI Domingo Ordinario B)

 

La literatura, las películas, las series nos presentan héroes por aquí y héroes por allá. Cada héroe parece más poderoso que el anterior: Aquiles es un súper soldado; Batman, un billonario con ganas de ayudar a la gente; Superman, el hombre de acero… Pero todos estos superhéroes tienen debilidades: el “talón de Aquiles”, el recuerdo de la muerte de sus padres y los miedos de su niñez (Batman), la Kryptonita (Superman) Al enfrentarse a sus debilidades, pierden sus poderes y se arriesgan incluso a la muerte. Pero nosotros no tenemos un superhéroe: nosotros tenemos a Dios. Y Dios es Dios: ¡no puede tener debilidades! ¿…O me equivoco?

Dios es todopoderoso, lo sabe todo, eterno… pero también tiene puntos débiles. Hay algo que puede más que Dios, que le anula toda capacidad de resistencia, que lo pone de rodillas. Ante esta debilidad, el Rey de reyes y Señor de señores se rinde y se entrega de manera absoluta. “Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor.

Ante un corazón necesitado de amor, de compañía, de gracia, el Señor es impotente: no para salvarlo y llenarlo de su amor, sino para no hacerlo. Cuando alguien le abre el corazón a Dios, Él no se resiste: entra hasta la cocina y llega para quedarse. Su debilidad es especial: enfatiza su fortaleza, le da rienda suelta. “Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad.

La vida es como un gran viaje por el mundo. Nos subimos y nos bajamos del tren, del metro, del avión. Cambiamos rumbo, tomamos vías alternativas, nos bajamos en la estación equivocada, perdemos el vuelo… Hay quien ya descubrió el mejor destino, el destino final, y ya va en camino; hay quien lo sigue buscando. No importa si estamos perdidos o si perdimos la vía: Él siempre está allí, esperando, para poder ayudarnos. Sólo necesita una cosa: que le toquemos su punto débil, que le abramos nuestro corazón necesitado. Así, Él podrá entrar y guiarnos a las mejores vacaciones de nuestra vida… y de toda la eternidad.

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