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La Cuaresma: ¿Piedra, papel o tijera?

¿Piedra, papel o tijera? Todos lo hemos jugado. Algunos le llaman chin-chan-pú. Otros pim-pom-papas. En fin. Se trata de un círculo cerrado de tres elementos. Lo usamos normalmente para tomar una decisión que no logramos resolver con palabras. Dejamos que lo hagan la piedra, el papel o la tijera.

El día de hoy pensaba que la Cuaresma es algo parecido. Nos enfrentamos a un período del año poco esperado y algo temido. Porque la Cuaresma, desde nuestra niñez, nos sabe a sacrificio y huele a pescado. La comenzamos marcando nuestras cabezas con ceniza, que ya de por sí no tiene nada de atractivo. En el fondo, nos da miedo porque la Cuaresma es un espejo: refleja la lucha contra nosotros mismos. Una lucha que es menos gorrosa cuando la ignoras y no le pones nombre.

¿Qué tiene que ver el famoso juego de azar de “piedra, papel o tijera” con la Cuaresma? Nada. Simplemente que cada uno de los elementos del juego nos ayudará a recordar de lo que se trata la Cuaresma. Y tal vez en esta ocasión, el simple hecho de recordar estas ideas te haga sonreír y decidirte a vivir estos cuarenta días con un poco más de ganas.

  • Piedra.

Nos recuerda lo estable. Lo que no se mueve. Lo que permanece y está siempre ahí, como un castillo medieval amurallado en la cumbre de una montaña, fiel y siempre el mismo. Esas verdades definitivas de la vida que ya puedes intentar darle con un martillo o un cuchillo y la piedra seguirá siendo piedra. La primera lectura de hoy empezaba con un oráculo. Y el oráculo comienza de la manera más tierna del mundo. Dios que nos dice “regresa a mí con todo corazón”. BACK TO BASICS. Regresa a lo básico, a lo fundamental. A la verdad de tu vida. Dios: lo único que no cambia, y que a la vez te cambia. Tu única piedra real: que eres su hijo amado. Todo lo demás da igual. Como decía Santa Teresa de Jesús: “No importa. Y si importa, no pasa nada. Y si pasa, no importa…”. La piedra nos puede ayudar a que esta cuaresma sea un regreso a los fundamentos de nuestra existencia y vivir más en paz. No sólo a la roca de quién es Dios para mí, sino quién soy yo para Dios.

  • Papel.

Piensa en una hoja en blanco. Algo así es nuestra vida. Una hoja donde se han escrito muchas historias. Nuestra historia. Garabatos, relatos más o menos memorables, recuerdos buenos, malos, de impacto o indiferentes. Todo eso constituye nuestra vida, y en parte también nuestro presente. Pero cargamos a veces con episodios de nuestro pasado que son demasiado pesados y nos absorben energías. Vamos por la vida lamiendo nuestras heridas, con la nostalgia de quien le gustaría que “las cosas hubieran sido diferentes”. ¡Basta! Es hora de tomar esa hoja y dársela a quien puede limpiarla, ordenarla y resucitarla.

Reconozcamos delante de Dios que nos hemos equivocado, que somos pecadores. Nada nuevo. Ya lo sabe. No sólo eso, sino que precisamente tu miseria es el aspecto que más le atrae de ti. “Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme” canta el salmo de hoy. No somos la suma de nuestros errores y pecados. Estamos llamados a la grandeza, parafraseando a San Juan Pablo II. El papel nos refresca la memoria de nuestra historia, y nos ayuda a convertir también nuestra memoria, algo tan íntimo y personal, para que Dios lleve a cabo un verdadero trasplante de corazón. A corazón abierto…

  • Tijeras.

Sirven para cortar. Y la Cuaresma también será momento para cortar cosas: situaciones, malos hábitos, ocasiones de pecado, críticas, dinero de mi bolsillo para los pobres, tiempo desperdiciado y de ocio, malas amistades, obsesión por la imagen que tienen los demás de mí.

Sobre todo esto último. Aprenderemos a vivir de cara a Dios y no de cara a los demás. Cortar con las traiciones que cada día le apuñalo a la espalda de mi conciencia. Puede ser que todos piensen que soy bueno o que soy alguien que no soy. Puedo engañar al mundo, incluso a mí mismo. Pero, al final, entramos todos a nuestra habitación interior, donde está Dios. El Dios de lo secreto. Y delante de Él, somos los que somos. Las tijeras en esta Cuaresma nos ayudarán a cortar lo que te sobra, lo que te hace daño y recibir con bombos y platillos todo aquello que te hace verdaderamente feliz.

Así que recuerda: en esta Cuaresma, vete al desierto con Jesús. Y no lleves nada. Llévate sólo una piedra, papel y tijeras.

Soy mexicano. Me gusta tocar el piano y comer rico. Me encanta escribir y compartir experiencias con amigos. Me gusta viajar y conocer gente nueva. Estoy enamorado de Cristo y la Iglesia Católica por quien vivo y a quien busco servir con todo mi corazón. Soy Legionario de Cristo en formación.

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