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La alegría de la misericordia

El pasado 11 de abril el Papa Francisco entregó la bula Misericordiae Vultus con la que convoca oficialmente el Jubileo Extraordinario de la Misericordia. De esta manera el Papa busca recalcar con mayor ahínco la trascendencia del amor de Dios dentro de la vida cristiana, volviendo a señalar con letras grandes que “Dios no se cansa nunca de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia” (EG nº3).

 En la exhortación apostólica Evangelii Gaudium la palabra misericordia aparece en 16 números. El objetivo de estas líneas es recorrerlos de una manera ágil para ver cómo brota la alegría, la verdadera alegría, allí donde existe la misericordia.

 Todo cristiano necesita primero experimentar la misericordia de Dios en su propia vida para luego poder salir a anunciar el Evangelio (EG nº24). La única forma de ser una Iglesia en salida, una Iglesia que primerea, es advirtiendo en primera persona el poder redentor de Cristo. Sólo aquellos que han experimentado a Dios pueden luego ponerse en camino para transmitirlo. Es por ello que el Papa señala la misericordia, apoyado en Santo Tomás de Aquino, como la mayor de las virtudes, porque implica salir de uno mismo para ir a socorrer a los demás, vaciarse de uno para ir al encuentro del otro (EG nº37). Por ello la misericordia es el rostro de Dios, al ser Él mimos el primero en salir hacia nuestro encuentro. ¿Será posible callar este don del Kerygma, cuando es Cristo mismo, quien con su muerte y resurrección, nos ha comunicado la misericordia del Padre? (EG nº164)

El lugar privilegiado para experimentar la misericordia en la propia vida se da en la Iglesia. De hecho la Iglesia se trasforma en un lugar de misericordia gratuita donde todos son recibidos y acogidos (EG nº114). Es en el encuentro personal con Cristo, sobre todo en la confesión, donde el hombre llega a ser consciente que la obra de la salvación es un don gratuito del amor de Dios, es su misericordia derramada como un bálsamo sobre nosotros y nuestras debilidades (EG nº112). Por eso el Papa da un llamado especial a los sacerdotes para que en la confesión, se esfuercen a vivir la misericordia en el camino de cada penitente, y sepan acompañar en los pasos cotidianos sosteniendo en la fuerza que da Cristo a cada uno (EG nº44).

 El Papa recalca el enseñamiento de Cristo sobre el amor a los demás, y luego lanza la pregunta abierta a la conciencia de cada uno; ¿cómo practicamos la misericordia con los que nos rodean? Porque el llamado a un Jubileo extraordinario no es para la conversión de unos cuantos que ya participan de la vida de la Iglesia, sino para la trasformación profunda de cada uno en lo más íntimo de su corazón, incluso de los más alejados (EG nº179). Siguiendo la misma línea el Papa comenta, de manera más detenida, en los números 188, 193, 194, 197 y 198, la misericordia con los pobres, con todos aquellos que son descartados de la sociedad, y propone las actitudes de acogida que debería tener un católico.

 Todo el mundo necesita experimentar el amor de Dios, porque es la única realidad que nos devuelve la dignidad original se der sus hijos. Francisco señala como el Islam también reconoce la misericordia (EG nº252), y cómo es un llamado a todos los hombres, superando una barrera sectorial o asociado solamente a un tipo de piedad. La misericordia es la llave que revela la dignidad del hombre.

 Cerca del final de la Evangelii Gaudium el Papa menciona cómo, en la lucha de la cruz, entre el pecado y la misericordia, Cristo entregó su madre a nosotros los hombres (EG nº285). María nos es donada en el momento culmen de la vida de Cristo, y nos confiamos a ella como Madre de Misericordia que no deja de velar por sus hijos. La misericordia de Dios quiso una Iglesia libre de pesos innecesarios para poder cumplir su misión en la Tierra (EG nº43). ¿Qué peso llevamos que sea necesario dejar para ir a socorrer a los demás? Cada uno podrá responder en este año de Gracia que nos regala Dios.

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