Incienso quemado

Sinceramente, al tomar esta fotografía, me ha venido a la mente que nuestra vida debería ser como este incienso quemado. Muchas veces no vemos cómo se van consumiendo esos trozos de incienso; pero, gracias al carbón encendido, el aroma se va apoderando del ambiente que nos rodea hasta dejar una fragancia agradable al alma.

Para que se pueda decir de cada uno de nosotros “pasó haciendo el bien” y dejó una estela de olor a incienso quemado que se eleva y adora a Dios, es preciso dejarnos consumir por ese fuego y calor que es el corazón de Cristo, que es el cumplir su voluntad a lo largo de nuestro día. Así podremos convertir nuestra vida cotidiana en una verdadera oración que sube como este incienso ante la presencia de Dios.

Muchas veces será un encuentro con Dios algo silencioso, tal vez costoso. Sin embargo, si nos dejamos consumir con una verdadera pureza de intención, nuestros pequeños sacrificios del día a día adorarán y agradarán a Dios nuestro Señor.

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