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Hoy es Noche Buena…

Hoy es Noche Buena; se acerca la Navidad. Jesús nace de noche, y así nos lo dice el Evangelio:

«Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño» (Lc 2,8).

La historia de Cristo queda tan grabada en el corazón de san Lucas, que recuerda cada detalle de aquél hito que cambiaría el curso e historia de la humanidad. Jesús nace de noche, y en la noche reina la oscuridad. Esto es precisamente lo asombroso, que Dios venga a nosotros cuando no podemos ver nada. San Juan, su discípulo amado, lo inmortalizaría décadas después escribiendo que «la luz brilla en las tinieblas» (Jn 1,5), evidenciando así la fuerza de Cristo sobre el mal.

El Hijo de Dios nace en medio de una densa oscuridad nocturna, donde a lo lejos cintilan incontables estrellas del domo celestial, para poner «su Morada entre nosotros» (Jn 1,14). En esa noche del mundo, que toca la existencia humana, Cristo es «la luz verdadera que ilumina a todo hombre» (Jn 1,9). Pero la luz no se impone con agresividad, se recibe acogiéndola libremente.

«Y sucedió que cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: “Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado”» (Lc 2,15).

Jesucristo se hace como nosotros para encontrarnos y «darnos poder de ser llamados hijos de Dios» (Jn 1,12), pero debemos acogerlo, ir a Él para recibirlo. El ejemplo de los pastores, gente sencilla y pobre, es elocuente ya que «fueron a toda prisa» (Lc 2,16) para encontrar a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Ellos escucharon el anuncio y decidieron actuar, ir al encuentro del «salvador, que es el Cristo Señor» (Lc 2,11).

En la noche de la vida, en la oscuridad del alma, es cuando Dios se hace presente con fuerza para salvarnos. Jesús: Dios-salva; Emmanuel: Dios-con-nosotros. La luz de Jesús, sol de justicia, es capaz de iluminar cualquier oscuridad, de irradiar luz en la noche más terrible que el hombre pueda pasar…

Esto es la Navidad, un recordatorio de que Dios está con nosotros para salvarnos, para llamarnos sus hijos. Pero, al mismo tiempo, debería ser una ocasión para recibirlo y acogerlo en nuestros hogares, en el corazón de cada uno, de modo que su luz penetre los rincones más oscuros de nuestra vida. Sólo así podremos hacer nuestra la experiencia de los pastores que «se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho» (Lc 2,20).


 

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Religioso en la Legión de Cristo plenamente FELIZ, porque ser religioso es darse TODO a Cristo!

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