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Hospital de Campo

8575479237_27ee07770c_kHace menos de un mes que comencé a estudiar la teología. Dentro del currículum contemplado por la Iglesia para sus ministros se encuentra la asignatura de la Historia de la Iglesia.

Lo primero que me llamó la atención es que, efectivamente, no nos dedicamos a estudiar los caminos milagrosos y prodigiosos por los que Dios guía a su Iglesia. De hecho muchas veces nos encontramos más bien con hechos humanos, muy humanos, en los que difícilmente Dios tuvo algo que ver.

Ésta es y ha sido la historia de la Iglesia. Una Iglesia que tiene a Cristo por cabeza, y a hombres de barro como cuerpo. Y es que en la Iglesia primitiva junto con muchos mártires también hubo muchos “lapsos” (es decir, muchos que prefirieron negar su fe para no ser martirizados). En sus dos mil años de historia la Iglesia ha tenido, por el favor de Dios, muchos Papas y obispos muy santos. Pero también ha habido muchos muy “todo-lo-contrario-a-santo”. Si la Iglesia ha hecho (y hace) mucho bien, también es verdad que los católicos a veces no “han pasado (ni pasamos) haciendo el bien”, como nos enseñó el Señor.

Sin embargo, Cristo no ha abandonado a su Iglesia y le sigue saliendo al encuentro como le salió al encuentro a ese Pedro (¡el primer Papa!) que negó conocerle la noche en que Jesús le había lavado los pies. Así, por caminos misteriosos y no pocas veces paradójicos, el Seños sigue guiando a su Iglesia y amaestrándola para que sea camino de salvación, porque como repite el Papa Francisco “la Iglesia es un hospital de campo, con muchos heridos que piden lo que pedían a Jesús: cercanía y conforto”.

Ésta es también mi historia personal y me atrevería a decir que, de alguna u otra manera, es la historia de cada bautizado. La experiencia de los errores y pecados se mezcla a la experiencia del perdón de Cristo, que nos sale al encuentro cada día, nos cura las heridas y nos vuelve a poner en camino. Porque a fin de cuentas lo que importa es que el camino llegue a su destino: el abrazo eterno del Padre.

Soy un joven religioso, legionario de Cristo. Amo a Cristo, a la Iglesia y al Papa. Soy un aficionado de los deportes en general y del fútbol en particular. Soy una persona alegre y un buen amigo.

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