Archivos

Hombres de obras

La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”». Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer. (Mt 1,18-24, IV domingo de Adviento)

 

 

Me da risa pensar en un cierto grupo de adolescentes de las Mega Misiones del año pasado. Como todo adolescente, son buenísimos para creerse la mamá de Tarzán o la última Coca Cola del desierto. Pero resulta que a la hora de la hora, cuando tenían que pasar de las palabras a las obras, la realidad fue diferente. Una noche, durante las misiones de Semana Santa, se metió un ladrón a la casa. Iba armado de un palo. Empezó a pedir todos los celulares y las billeteras. Todos, muertos del miedo, le entregaron sus posesiones. Alguno incluso le pidió que se esperara, cuando ya se iba, porque aún no le había dado el celular. Pausa: había al menos 25 adolescentes entre 13 y 16 años… contra un… ¡1! … señor.

Quizá no todos hemos sufrido un asalto como este, pero todos hemos reaccionado de esa manera. Lo hacemos todo el tiempo. Somos buenos para hablar, y no tan buenos para obrar. Con frecuencia, a la hora de la hora, no damos la talla de lo prometido.

Pero san José fue diferente. Él era un hombre “justo” y hacía el bien, según la voluntad de su Señor. Pero como hombre que era, como todos nosotros, le llegó el momento de la prueba. Llegó el momento en el que su palabra y su integridad debían convertirse en obras. Él no había hecho nada malo. Al contrario, hubiera preferido cargar la culpa del embarazo de María, que abandonarla a la condición de adúltera y a la condena que le habría correspondido. Allí estaba la voz de Dios: “no temas acoger a María, tu mujer”. San José no falló, no se quedó corto, no fue falso: ¡él no fue un hombre de palabras, sino de obras!

Dentro de una semana, cada uno de nosotros se encontrará en esta misma situación. Llevamos todo el Adviento preparándonos para recibir al Niño Jesús en nuestro corazón. Le hemos ofrecido y prometido el mundo entero y la mitad de otro. ¡Quién sabe cuántas veces le hemos dicho que esta vez va en serio, que de verdad vamos a cambiar! Y Él se toma todo esto muy en serio. Pero cuando nos empiece a pasar la factura, cuando nos comience a exigir un poco más de entrega, cuando nos pida salir de nuestra comfort zone, ¿qué vamos a hacer? ¿Vamos a ser como san José y le vamos a decir que sí? ¿O vamos a seguir en las mismas y vamos a negarle posada al Dios-con-nosotros? Ya decía el poeta:

 

“Y Dios pasó de largo

¡Qué pena posadero!”

                                                                         (Ramón Cué, SJ, El posadero de Belén)

 

Foto: Georges de La Tour (1593–1652), L’Apparition de l’ange à Joseph, Musée des Beaux-Arts

"Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad!" (Sal 15,6) Nací en El Salvador. Sólo Dios sabe cómo llegué a la Legión: lo que importa es que ya estoy donde quiero estar. Ahora trabajo en la promoción vocacional en Centroamérica, mientras me acerco cada vez más al sacerdocio.

Loading Facebook Comments ...

Deja un comentario