Fénix Americana

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por Lázaro García

No sólo en su siglo y en su patria, cualquier poeta que ame la lengua de América y se diga hispano debe amar las coplas del ave mística que alguna vez dejó impresas Sor Juana en las páginas raudas de sus libros.

Nítida y transparente se nos presenta la conversación de Eco y Narciso en la búsqueda del amor y la felicidad. De este antiguo mito la mexicana hilvana un entramado de finezas para traer a comprensión por la narración el profundo nexo que ata el alma con su humana naturaleza y la gracia.

Narciso, como espejismo y deseo que el alma proyecta deja en claro la silueta del Pastor, la estela del Amado y ese trastorno de la naturaleza que se afana entre los pastores por encontrar al más precioso de los zagales, una franca imitación y hasta continuación del magistral escrito compuesto por Fray Luis de León anteriormente.

¡Naturaleza feliz! Es el grito de la gracia ante las inmensas ansias del Amado. Pero tiene que recordar la Natura a su dueña antigua, hacerse a su modo, someterse al celestial auriga. Ella es la que ve a Narciso y al mirar la Fuente siente los efectos del amor; deseos, lágrimas, ansias y afectos.

Nunca habíase leído tan patente obra en la identificación del Pastor que busca a la oveja perdida, que dona la vida por su rebaño, el amante que espera fidelidad de la vigilante centinela de la noche. Ovidio, Homero, Bucólicas; tantos líricos otoños resuenan y en nuestra mente la belleza anidan cuando del campo y del paisaje florido oímos; todo esto es la belleza y la magnificencia del canto de la poetisa que se dice mexicana; Sor Juana.

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