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En la barca junto a Jesús

Hoy el Evangelio nos presenta al grupo de los apóstoles sobre una barca en el mar de Galilea, llenos de miedo frente a una tempestad que amenaza contra sus vidas. Todos hemos vivido situaciones difíciles y dolorosas, donde nos sentimos desconcertados al comprobar nuestra gran incapacidad para cambiar algunas circunstancias o encontrar una solución inmediata. Cristo quiere enseñarnos hoy cómo, en estos tiempos de tormenta, es importante apoyarse totalmente en Dios: mantenerse en la barca, despertar a Jesús y dar gracias.

Mantenerse en la barca, siempre aferrados. En la barca junto a Cristo hay tiempos de mucha alegría, de buena pesca y viaje tranquilo, como el inicio de nuestra vida en la Iglesia u ocasiones especiales que recordamos; pero también existen momentos difíciles, donde podemos sentimos defraudados al poner en duda si el Señor sea capaz de ayudarnos en nuestros problemas concretos. Son tiempos de tempestad, que pueden ser de diverso tipo: en nuestras familias, sentimentales, económicos, de trabajo, sociales… El peligro más grande para el apóstol asustado por la tormenta es el querer saltar de inmediato sobre las aguas agitadas y huir: abandonar la Iglesia y el trato con Jesús. Nuestro lugar está en la barca junto a Cristo, no entre las olas. No saltemos al vacío confiados sólo en nuestras fuerzas y capacidades. Nada podemos sin Dios.

Despertar a Jesús, el Señor jamás nos dejará naufragar. Muchas veces parece que Cristo duerme frente a nuestro dolor o petición. En realidad el Señor está esperando que le despertemos, que vayamos a Él con sinceridad, seguros de que nada más puede ayudarnos. Cristo permite estas situaciones para reforzar en nosotros la convicción de que Él es nuestra única seguridad. Las tempestades estarán siempre presentes en el viaje de nuestra vida. Si bien, el modo cómo reaccionamos frente a ellas sí puede cambiar en la medida que Dios va suscitando una mayor confianza en nuestros corazones. La verdadera paz no está en la ausencia de dificultades, sino en saber que en ellas Cristo va conmigo; y con Él a mi lado, jamás me hundiré. Despertemos a Jesús con nuestra oración desde el interior.

Dar gracias, cuando Cristo traiga la calma. Hagamos tesoro de aquellos momentos en los que Dios nos ha bendecido después de una dificultad. Muchas veces Cristo trabaja y se hace presente a los más agraviados a través de aquellos que han hecho una experiencia de Él. Quien se sabe salvado por Cristo y siempre escuchado, puede ahora ser un verdadero discípulo, presencia de Cristo en el mundo. Demos gracias a Dios por su gran bondad.

Cristo nos asegura hoy que estará a nuestro lado en los momentos difíciles y no nos dejará perecer, permanezcamos unidos a Él e imitémoslo estando siempre disponibles.

Legionario de Cristo por Misericordia de Dios, que anhela para todos el don de abrir el corazón a Cristo, plenitud de la vida.

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One Comment

  • Maria

    21 Junio, 2015 at 22:46

    Ciertamente p. No caer nunca en el desánimo y remar siempre mar adentro , con un corazón agradecido recordar que el billete de embarque ha sido gratis por pura Gracia .

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