Emma Watson en la ONU: ¿un nuevo Feminismo?

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por Javier Rubio

El 20 de septiembre de este año, la actriz y Embajadora de Buena Voluntad para las mujeres, Emma Watson, ofreció un discurso en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, con motivo del evento del lanzamiento de la campaña “HeForShe”. Antes de empezar con este análisis quisiera señalar que me uno de todo corazón a esa gran ovación que recibió al final de su ponencia. Desde hace tiempo admiro a la actriz británica no sólo por sus demostradas dotes artísticas, sino también por su gran inteligencia y por el valor con el que ha defendido siempre sus valores.

¿Qué es “HeForShe”?

El objetivo de la campaña consiste en involucrar a los hombres en un movimiento de defensa en contra de la discriminación sufrida por las mujeres en todo el mundo. Es ese también, en su esencia, el llamamiento de Emma en su discurso. Y con esto no puedo estar más de acuerdo.

Lo mismo se puede decir del “feminismo” definido por Emma. Se trata de una campaña “feminista”. Pero no se trata del feminismo duro come-hombres. Es un feminismo que se define como “la creencia de que hombres y mujeres deben tener igualdad de derechos y oportunidades. Es la teoría de la igualdad política, económica y social de los sexos”. Resultaría interesante matizar el aspecto “social” de la diferencia sexual. Personalmente, comparto esa mitológica creencia de que debe existir, por ejemplo, una deferencia social hacia las mujeres embarazadas, hacia las familias numerosas o hacia las madres solteras. Pero, en línea de principio, –siguiendo la definición acuñada por Emma- no tengo más remedio que declararme, con gran sorpresa de mi parte, un feminista.

Creo que todos, haciendo un examen de conciencia sincero, tenemos que admitir que aún falta un largo recorrido por hacer en este sentido. Pienso en los países de influencia mayoritaria islámica, en los que las mujeres no son consideradas ciudadanos por derecho propio. Pienso en la tremenda injusticia económica y social que sufren las mujeres en los países africanos. Pienso en las sociedades occidentales en las que tampoco se ha logrado romper ese molde de claras preferencias educativas, laborales y políticas. Pienso en la horripilante objetualización que sufre la mujer en el mundo del espectáculo y de los medios de comunicación en general…

Y creo que Emma hace bien en traer en causa a la otra mitad del mundo. Es hora de establecer el diálogo y de descubrir, como bien dice, no tanto lo que nos diferencia sino lo que nos une.

En su página web oficial (www.heforshe.org) se definen como “un movimiento a favor de la igualdad de género”. Y ya empezamos con ese problema de las palabras. ¿Qué significa igualdad y qué significa género? ¿Qué es realmente el feminismo? ¿A qué se refiere Emma Watson cuando dice “creo que está bien que yo pueda tomar decisiones sobre mi propio cuerpo”? (Momento, debe señalarse, en el que el discurso se interrumpió por un aplauso).

Para poder establecer las bases de ese diálogo, antes de hablar de violencia doméstica (condenable en cualquier caso), es necesario aclarar las ideas. Emma Watson nos invita a aquellos a los que el término “feminismo” nos da algo de grima, a dejar de lado la palabra y a asumir la idea. Pero ¿qué idea, exactamente?

Tristemente la historia nos enseña que el uso de las palabras no es en vano. Es una guerra cultural. Sin pretender de modo alguno devaluar el valiente mensaje de Emma Watson, creo que la sinceridad es la base de cualquier diálogo. Y esta sinceridad comporta la claridad en el uso de las palabras para evitar el sacrificio de las ideas en favor de las ideologías.

Dicho lo cual yo mismo no tendría ningún problema en colaborar con la campaña siempre y cuando:

1º La igualdad que defienda sea la igualdad de derechos y oportunidades de hombres y mujeres, dentro de los límites impuestos por la diferencia y complementariedad de los sexos. Yo no creo en la igualdad de mujeres y hombres en sentido absoluto. Es de sentido común que somos distintos. Y gracias a estas diferencias podemos complementarnos, enriquecernos mutuamente. Estoy convencido de que la mujer posee un gran número de cualidades y de valores humanos e intelectuales indispensables y únicos para la familia, la sociedad y el hogar. No veo sensato que una supuesta pretensión de “igualdad legítima” suprima culturalmente esa riqueza.

2º Se defina exactamente los términos empleados. Por lo dicho en el párrafo anterior no veo provechoso el recurso a términos vagos de significados indiferentes. En este mundo, poblado por seres humanos, hay hombres y hay mujeres. No existe un principio universal llamado “gender” que diluya las diferencias complementarias entre los sexos. Por eso creo que es necesario que los organizadores de la campaña definan el término “género” (gender), del que tan tremendamente se abusa en los medios de comunicación hoy en día.

3º Se establezcan una serie de prioridades reales y no se quede todo en agua de borrajas. Creo que es inmoral que el debate del feminismo se centre en problemas tan claramente polémicos y dañinos como el derecho al aborto, la manipulación genética y demás, cuando en Pakistán están asesinando a Asia Bibi sin derecho alguno, o cuando todos los días mueren miles de niñas en los países del tercer mundo por falta de nutrición.

Para terminar aprovecho para proponer un modelo de mujer que está muy de moda y del que las y los feministas (del tipo o definición que sean) pueden aprender mucho: Santa Teresa de Ávila. Estamos en el año jubilar teresiano, proclamado por el Papa Francisco, con motivo del 400 aniversario de la beatificación de la gran santa carmelita. Creo que podemos aprender mucho leyendo la biografía de la santa (recomiendo la del P. José Mª Javierre) y leyendo sus textos. A pesar de estos cuatro siglos que nos separan Santa Teresa brilla hoy más que nunca como un faro de luz clara y como modelo, sin duda, de los verdaderos valores de la mujer moderna.

Y recemos para poner fin de una vez por todas a la triste lacra de la discriminación sexual y de la violencia doméstica.

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4 Comments

  1. ludoms
    1 diciembre, 2014 at 16:53 — Responder

    Me encanta el estilo de Emma Watson es muy elegante y sexy, es una actriz muy buena e inteligente.

    • 16 diciembre, 2014 at 21:00 — Responder

      Ya somos dos. Aunque quizá podamos complementar sus ideas con una reflexión sobre la importancia nuclear de la familia en la sociedad y la trascendental dignidad de la mujer en ese núcleo. Pero debemos aplaudir el esfuerzo de Emma.

  2. arcieres
    8 diciembre, 2014 at 06:45 — Responder

    El feminismo ha sido utilizado como bandera por los capitales que desde hace mucho han tenido el objetivo de capitalizar el trabajo de la mujer. Para ello era necesario promover un cambio en la forma de vida y cultural compatible con su objetivo y han tratado de hacerlo a toda costa en varias etapas; en la etapa más reciente han sido particularmente nocivos y no les ha interesado si tenían que manipular, engañar, generar traumas y odio entre los sexos con tal de conseguir sus fines. Además este cambio en la forma de vida y cultural que querían llevaba en sus entrañas un extremo debilitamiento de la familia.

    Como parte del proceso se tenía que lograr que se viera mal que una mujer viera al hombre –su sostén- como su jefe; y al mismo tiempo, se tenía que hacer ver bien que una mujer aceptara una autoridad y tuviera un jefe dentro de las instituciones y empresas, y que estuviera dispuesta aguantar lo que viniera aún si era explotada y mal pagada. También se tenía que crear un miedo, una aversión o un desinterés en que la mujer tomara un rol tradicional en la familia y para eso se utilizaron grandes cantidades de recursos de estados y de organizaciones internacionales que estaban tras esto. Incluso se logró que la mujer abandonara su rol milenario de cuidar a sus hijos.

    Al final de cuentas el fondo de todo este asunto era lograr traspasar el trabajo, el compromiso, la devoción y las lealtades de la mujer, de la familia hacia la economía de mercado. Quiero que quede claro que todo el esfuerzo, trabajo y sacrificio del cual el capital quería beneficiarse iba a ser arrebatado del interior de la familia; por lo mismo no es sorprendentemente que esto debilitó a la familia enormemente.

    Además quiero agregar que la diferenciación, complementación, interdependencia y concordancia con la naturaleza y las tradiciones de los roles de género, no sólo hace más necesarios, profundos y llenos de sentido los vínculos entre un hombre y una mujer; sino que genera una sensación de identidad y orgullo que hace que cada uno pueda hacer un mayor esfuerzo y aguantar más en el cumplimiento de su rol. Eso también ha sido una parte de lo que le ha dado fuerza a la familia.

    No es extraño que en los paises donde más se han aceptado los preceptos idiológicos del feminismo (como Suecia) sean los que tienen más divorcios, mas desintegración familiar, más madres solteras, menos familias tradicionales, más infidelidad femenina y curiosamente más odio y violencia de género.

    • 16 diciembre, 2014 at 20:58 — Responder

      Muchísimas gracias por tu comentario. Cuánta razón. Tenemos que rezar mucho por las familias.

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