El silencio de María

El silencio de María me llena de paz. No es un silencio vacío, sino, lleno de amor, de paz, de fe y de confianza. Lleno de paz porque espera en el Señor y sabe que el Amor es la última palabra. Lleno de fe porque siempre ha creído en Dios y Dios nunca abandona a una persona fiel a Él. Lleno de confianza porque conoce a su Hijo y este conocimiento íntimo y profundo del corazón de Cristo le lleva a confiar y a amar porque su vida ha sido una vida entregada a Dios. Ella nunca puso límites en su entrega a Dios. Dios nunca la ha abandonado y siempre la ha consolado con su paz y con su amor.

María tiene su corazón en Dios. Ella es de Dios y vive por Él, con Él y en Él. Madre, en las tormentas de la vida no me abandones nunca. Sin Ti no sé ni puedo vivir. Contigo, con tu presencia en mi vida todo es más seguro y me siento en paz. Que tu silencio en este sábado santo me enseñe a ver mi vida a través del amor y me enseñe a valorar el amor de Dios por mí y que yo aprenda a caminar con confianza hacia donde Él quiera que vaya.

Tu silencio me enseña a ser más humilde y a no mirarme a mí mismo, a mis preocupaciones, a mis sufrimientos. Tu silencio es rico de sentido y llena de sentido mi vida. Mi vida que a veces en medio del bullicio se queja de una u otra cosa. Contemplándote a Ti, Madre querida, aprendo a ofrecer todo por amor, aprendo a valorar más lo que tengo y a vivir mi vida con más gratitud.

Tu mirada en este día en medio del silencio es una mirada llena de amor, llena de paz. Madre, quiero mirar a tus ojos y decirte que te amo y que tu sufrimiento y tu amor me tocan lo más profundo de mi corazón. Quiero mirar a tus ojos y recibir un poco de esta paz y de este amor que tanto necesito y tanto desea mi corazón.

Tú tienes un corazón enamorado de Dios y sabes que Dios es fiel y que nunca abandona. Tu silencio me enseña que frente a las dudas, la mejor actitud y respuesta es la confianza en Dios. Tu confianza y amor a Dios son heroicos, extremos, totales. Has sabido ser fiel a Dios en lo poco y en lo mucho y Dios te quiere muchísimo, te quiere con todo Su corazón. Tu silencio me lleva a Dios y me enseña a buscarle dentro de mi corazón.

Quisiera consolarte, Madre. Sin embargo, eres siempre Tú quien me consuelas. Soy un hijo pequeño que no sabe vivir sin Ti. Tu silencio me emociona y toca el más profundo de mi corazón. Solo imaginar todo lo que has sufrido, a cualquiera le parte el corazón. Tu silencio me enseña que el amor se vive con plenitud y que amar es entregarse totalmente.

Madre, ¡te amo! Enséñame a vivir mi vida y a buscar solo a Dios. Enséñame a vivir por Él, con Él y en Él. Madre, tu silencio me llena de paz y de alegría, porque siento que tu corazón me dice: “¡Hijo, aquí estoy! ¡Estoy contigo siempre!” No te merezco Madre pero te necesito. Gracias por tu Amor. Gracias por ser mi Madre y por estar siempre conmigo. ¡Te amo Madre!

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