“El problema de la problemática”

Eran alrededor de las 3:10 de la tarde y me disponía a estudiar. Parecía un día más de aquellos que siguen su curso natural. Recordaba que un compañero me había comentado que nos iba a enseñar un video relacionado con la materia. Había cierto interés, pero al final seguía siendo en efecto, un día normal. Sin embargo, me llevé una gran sorpresa. Dicho video hizo que me surgieran muchas preguntas; me hizo pensar más de normal, mejor dicho, me hizo reflexionar.

Los días, cuando hay algo que reflexionar, por más parecidos que sean, no siguen ya su curso natural.

El video trata de un acontecimiento particular y de hecho tiene un nombre específico: Sophia.

Sophia es un robot humanoide desarrollado por la compañía Hanson Robotics de Hong Kong con inteligencia artificial que, aunque siendo robot, no solo ha llegado a “desarrollar” la capacidad de generar argumentos interesantes en los programas de televisión, sino que también ha llegado a manifestar el “deseo” de que algún día las personalidades con inteligencia artificial se conviertan en entidades que tengan sus propios derechos. Habiendo ya obtenido su primera conquista al obtener la ciudadanía en Arabia Saudita.

En lo poco que se ha dicho hasta ahora sin mucho esfuerzo se podría encontrar material para discutir, para hacer un curso, incluso para escribir un libro (en mi caso este pequeño artículo). Sin embargo, pienso que hay dos maneras de afrontar esta problemática. Una, es partiendo de lo que los medios de comunicación, sin darnos cuenta, nos muestran. Éstos parten del objeto del que se habla; de sus cualidades, de sus “deseos”, del hecho de que un robot es ya considerado un “ciudadano” (que, en lo personal, creo no es la mejor manera de empezar). La otra, es partiendo de la maravilla de quien ha hecho esto; de aquel que ha sido capaz de crear una maquina con tal capacidad; aquel que ha llegado a ser capaz de inventar tal objeto; de aquel que es consciente de su capacidad intelectual y que por medio de esa conciencia ha sido capaz de construir un modelo que, aunque no haya comparación alguna, refleje dicha grandeza; es decir…,partiendo del hombre.

Partiendo de esta maravilla, se nos hace más fácil ver la problemática. Es probable que la tengamos presente, pero, también es probable, que muchos aspectos los tengamos un poco olvidados. Sin embargo, tengo que decir que no es mi objetivo dar una respuesta a las preguntas que puedan surgir, sino que al tener en común que el lector que se enfrenta a esta problemática, es un hombre, pueda tener una reflexión sobre el hombre.

Los que han conocido a Sophia se asombran de las capacidades que puede desarrollar, más allá del asombro que podría suscitar una lavadora que pueda caminar o un avión con piernas para aterrizar. Sin darse cuenta se asombran de la semejanza que tiene con el “yo”, con el “yo-hombre”. No solo se asombran, sino que en algunos lugares la consideran una ciudadana, es decir una persona y, con ello, digna de derechos y por lo tanto de contraer obligaciones… En fin, de ser tratada como una persona.

Inmediatamente me surgen varias preguntas: entonces ¿quién es el hombre? ¿quién es la persona? ¿qué hace que una persona sea persona? ¿que pueda tener derechos? ¿que los pueda exigir? Son preguntas que tenemos muy presentes pero las respuestas las tenemos muy olvidadas.

Estas preguntas no surgen por el hecho de la interacción con la inteligencia artificial pues, pienso es cuestión de unos años para que esto tenga sus funciones prácticas. Surgen por el hecho de querer identificar a una máquina, a un robot con el hombre, con la persona. Surgen de identificar una obra de arte con el creador, como si el cuadro fuera lo mismo que el pintor. El cuadro por más hermoso que sea está hecho de materia, de pintura, de lienzo… El pintor es aquél que posee la capacidad de crear, de transmitir la pasión, el amor, la tristeza pues, son propias de él.

Si el hombre simplemente es hombre por la capacidad de hacer juicios interesantes ante las cámaras de televisión, entonces pienso que Sophia va por buen camino. Si la persona es persona simplemente por la capacidad de hacer gestos conforme a los “sentimientos y emociones” y por la capacidad de intuir si el otro está triste, feliz o enojado, entonces Sophia va subiendo rápidamente los escalones hacia la identificación con el hombre.

Sin embargo, partiendo de la experiencia de lo que es ser hombre, hay algo que me dice que estamos hablando de algo más profundo. No se puede reducir lo más grande que hay en este mundo a una dimensión material, que tiene su parte importante, pero en el caso del hombre estaríamos tomando solamente una parte del todo, dejando de lado su parte espiritual. Dichas partes hacen del hombre una unidad.

Por ello es necesario empezar dicha problemática por el que la ha puesto. Sería muy superficial si nos quedáramos en la novedad del suceso, ya que el problema no es Sophia, no son los robots; lo que hagan o no hagan; el problema de la problemática, el verdadero acontecimiento que, muchas veces olvidamos: es el hombre.

 

 

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