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El Papa Francisco en México: ¿Títere o profeta?

“Un texto, fuera de contexto, es el mejor pretexto para no entender el texto”. Lo repetía seguido mi viejo profesor de latín. ¡Qué razón tenía! A veces el no entender las cosas en su contexto nos hace pontificar opiniones erróneas, con las mejores intenciones e incluso con cierto rigor científico. Pero un pequeño error al inicio, se convierte en un grande error al final, como decía el filósofo Aristóteles.

La visita del Papa a México exige una interpretación. He leído con atención el artículo de Jesús Silva-Herzog en el diario “El Norte”. Me parece interesante el análisis, pero no lo comparto. No sólo eso, si no que me parece que malinterpreta palabras y gestos del Papa de un modo indiscriminadamente liberal. Porque para entender la visita del Papa a México se necesita una contextualizar. Sin esto, se llega a conclusiones nefastas, como la del columnista del diario regiomontano y otros servicios de opinión que le están haciendo segunda.

PRIMER CONTEXTO: la persona del Papa.

¿Qué elementos conforman esta figura? El Papa, sea quien fuere el elegido por el Cónclave, es una personalidad multifacética compleja y diversificada, que no sólo implica funciones diversas, sino que éstas conviven simultáneamente y convergen en una misma persona.

Dos títulos oficiales y dos morales

El Papa Francisco es en primer lugar Obispo de Roma, la principal de todas las diócesis del mundo, que es a su vez sede del Sumo Pontífice. El Papa gobierna, pues, principalmente una estructura espiritual que es a su vez temporal. En palabras sencillitas y carismáticas, su primera y más importante función es eminentemente espiritual. En segundo lugar es jefe de estado. Es la última autoridad del poder ejecutivo, legislativo y judicial del Estado Vaticano.

A estos dos títulos se le suman otros dos, menos oficiales pero no menos reales: uno, es el de líder ético-moral; y el otro, especialmente a este Papa argentino, es el de “mediador geopolítico”.

Olvidar este contexto y querer separarlo, llevará a conclusiones erróneas sobre la visita. Porque el jefe de Estado que pronunció el discurso en el Palacio Nacional no dejó de ser Papa. Y en la Basílica de Guadalupe, mientras oficiaba misa, no dejó de ser jefe del Estado Vaticano. Cuando habla, en ambas ocasiones, lo hace principalmente desde la perspectiva espiritual, sobre todo si habla a un grupo de fieles o pronuncia discursos que escuchan los millones de católicos del país. Además, es jefe de un Estado que es todo menos laico, en el sentido político de la palabra.

SEGUNDO CONTEXTO: los objetivos de la visita del Papa a México.

Cabe subrayar con marca textos color amarillo chillón que el Papa iba a México principalmente por razones espirituales. Lo dijo en Roma, antes de salir. Grabó un vídeo que estuvo girando en las redes y noticieros sólo para dejarlo claro: iba como un peregrino.

Por eso, además de interpretar la visita bajo el prisma de los objetivos específicos de la visita del Papa a México en esta ocasión concreta, se deben destacar otros dos aspectos.

  1. La doctrina social de la Iglesia Católica:

Sobre todo en lo concerniente al rol que desempeñan los pastores católicos en la política de las naciones. Según este conjunto de doctrina social, lo que le tocaba hacer al Papa en México eran sobre todo dos cosas: 1) Denunciar sistemas financieros o políticos abusivos y relaciones comerciales inicuas y 2) exhortar a los fieles a movilizar recursos hacia los objetivos de desarrollo moral, cultural y económico. Ambas cosas, las hizo. Sea en la cara del Señor Presidente en el Palacio Nacional, sea en Ciudad Juárez ante el grupo de obreros y empresarios. En definitiva, la doctrina social de la Iglesia establece que un sistema que sacrifica derechos fundamentales de la persona y de los grupos en aras de la organización colectiva de la producción (GS 65) es contrario a la dignidad del hombre. Ejemplos sobran. Ya en la época moderna, la Iglesia rechazó tanto el comunismo, como la ideología del descarte capitalista. Ambas ideologías aún presentes en nuestra izquierda y derecha políticas.

       2. Las complicadas relaciones entre México y la Santa Sede.

En la década de 1860, se anunció el fin de la relación de la Santa Sede con México. Cómo olvidar que hace menos de un siglo, miles de mexicanos derramaron su sangre en defensa de su libertad religiosa, bajo el régimen y la bandera de un Estado Laico armado. Hasta 1992 se restablecen las relaciones diplomáticas entre los estados. Ciertamente, ahora no era el momento de negar la compañía de la primera dama al hospital de enfermos, o hacerse el sordo ante la petición de la Procuradora de bendecirle su imagen, o rechazar la escolta del mismísimo Sr. Presidente de la República hasta la escalinata del avión Papal en Ciudad Juárez, por más hipócritas que pudieran ser los gestos y las sonrisas de los interesados.

Nosotros esperábamos…

El tema de la visita pues es el segundo grande contexto que hay que entender, para juzgar con una hermenéutica correcta los gestos y las palabras de Francisco. No venía a regañar a Peña Nieto, ni a reformar su reforma. No es su papel, y nunca lo será. Creo que este contexto es ignorado por el columnista Silva-Herzog en su análisis, y por muchos otros periodistas. Podríamos titular todos esas columnas con la frase evangélica “nosotros esperábamos” de los discípulos de Emaús. Se quedaron con las ganas de la cacería de brujas por parte del Papa Francisco. Para ellos faltaron en la agenda los juegos de hambre versión Zócalo.

TERCER CONTEXTO: el modelo excluyente del Estado laico mexicano.

Algunos han declarado su fracaso en México con la visita de Francisco, por el sometimiento religioso de los gobernantes. No queda claro si el fracaso de la laicidad del estado haya sido derrotada por haber ignorado el protocolo, o por querer comprar votos cueste lo que cueste y manipular a las masas con escenas más o menos pías. Sea por lo que fuere, queda de manifiesto su fragilidad.

El que se portó muy bien con la laicidad fue el Papa. Respetó con pincitas los fundamentos del Estado Laico mexicano, tragándose comentarios espontáneos y jocosos propios de él. Tanto los respetó que ahora lo critican de títere y diplomático. En verdad, lo que sucedió en México con su visita y con todo el asunto del sometimiento devoto de los miembros del gabinete presidencial es más bien un signo profético de un nuevo laicismo. Y ya era hora de que alguien lo provocara.

Me explico. El Estado laico se caracteriza por que, no sólo es independiente de cualquier religión (aconfesional), sino que además las autoridades políticas no se adhieren públicamente a ellas, ni sus creencias deben influir en la política nacional. México es una de las naciones laicas más antiguas de América latina, y al mismo tiempo es el segundo país con más católicos en el mundo. El 87% de su población se declara católica. Pero, pregunta ¿Cómo puede un Estado ignorar la dimensión religiosa de su pueblo? ¿Qué es la verdad? Diría Pilato, como laico, laico. ¿Qué es la verdad de México, su fenomenológica verdad religiosa? ¿Hay valores universales? ¿En qué se basan esos principios morales en un sistema inmanente y circular, que excluye la trascendencia?

De un modelo de Estado laico excluyente a uno inclusivo.

México, en el papel, sigue un modelo de laicismo jacobino que por lo caduco apesta a queso Roquefort. Es obvio que no en sus costumbres, no en su pueblo, y con esta visita ya quedó claro que tampoco en la política ni en sus gobernantes. No se entienda mal: para nada es el caso de proponer un regreso al modelo político teocrático, pero también es obvio que un modelo laicista que relega la religión exclusivamente a la esfera privada ha sufrido ya desde hace tiempo un desencanto general. Como decía el escritor católico Chesterton: “Cuando se deja de creer en Dios, se acaba por creer en cualquier cosa”. Y es que la moral laica es incapaz de responder a los interrogativos sobre los valores trascendentes y sobre los fines últimos del hombre, por lo que urge la reivindicación de la religión también en el papel. La Iglesia ha dejado atrás el pasado y ha renunciado ya desde hace siglos al poder público, pero no está dispuesta a abandonar un rol fundamental en el seno de la sociedad: la de la interpretación de los valores y los fines del hombre. Y eso es lo que hacía Francisco en México: ofrecer principios y criterios, orientaciones de acción social y política. No arreglarle la vida ni a los mexicanos (a quienes instó a responsabilizarse activa y personalmente de su país), ni a sus gobernantes (por más corruptos o incompetentes que puedan ser).

Los mismos gobernantes del país, sea inspirados por el Espíritu Santo, sea por ser la antítesis de su discurso, han dejado claro que la relación Iglesia-Estado en México ha caducado y requiere una reforma seria que tenga en cuenta la realidad de su pueblo, la libertad de conciencia y el bien común. Porque una ideología que considera a los creyentes y sus manifestaciones públicas de fe como una minoría de ciudadanos inferiores o alienados, es discriminante y no se puede tolerar. Hay que aceptar que Dios no puede dictar las leyes a la democracia. Pero es hora también de aceptar que Dios está presente en la conciencia de aquellos que hacen las leyes y de aquellos que las cumplimos.

La visita de Francisco fue profética, porque recuerda que el Estado es laico, no laicista. Tal vez un paso de un modelo francés de exclusión de lo religioso y separación radical entre política y religión, a uno italiano de la inclusión. O tal vez al de la “religious freedom” de Estados Unidos, en el que sea política sea religión se colocan ambas en la esfera pública, rechazando la privatización de la religión al mismo tiempo que se afirma la división de poderes. O quizás a ninguno de los dos. Quizás México requiera un modelo “a se”, más adecuado a su realidad.

CONCLUSIÓN

La visita del Papa no fue ni manipulada, ni actuada, ni diplomática como afirman muchos. Se trata de un grito profético: “Mira, hoy te he dado autoridad sobre las naciones y sobre los reinos, para arrancar y para derribar, para destruir y para derrocar, para edificar y para plantar.” (Jeremías 1, 10). El Papa dijo lo que dijo. Lo dijo abiertamente, en los palacios, en las plazas. Los discursos están en internet, y los gestos en los corazones que se dejaron tocar. Si se tienen en cuenta los contextos antes mencionados, y la recta intención de la visita, entonces no sólo se logrará entender su mensaje, sino que, aunque se enojen, el Santo Padre se convertirá en un profeta de un nuevo modelo del Estado Laico para México.

Así que manos a la obra, y como diría él, ¡a echarle ganas!

Nota: Agradezco a mi profesor de Doctrina Social, el P. John Bartunek, LC, por inspirar en poco tiempo varias ideas de este artículo. Y a Santo Toribio, mártir de la guerra cristera, que festejamos hoy, encomiendo los frutos espirituales del viaje del Papa Francisco a México.

Soy mexicano. Me gusta tocar el piano y comer rico. Me encanta escribir y compartir experiencias con amigos. Me gusta viajar y conocer gente nueva. Estoy enamorado de Cristo y la Iglesia Católica por quien vivo y a quien busco servir con todo mi corazón. Soy Legionario de Cristo en formación.

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3 Comments

  • Javier Guadalupe García González

    25 Febrero, 2016 at 17:25

    Buen artículo sobre una materia difícil porque requiere mucho discernimiento. Ya el atreverse a abordarlo, es digno de encomio; pero el hacerlo con una cierta competencia, sube los kilates. Un poco largo: se podría decir lo mismo y con mayor eficacia, abreviando un poco. Mi augurio es que, dado que está Ud todavía un formación, siga enriqueciendo su cultura filosófica, teológica, humánística y de Doctrina Social. Coraggio! Países como México, ¡y no digamos España!, se lo agradecerán. Javier García, L.C.

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  • Pablo Martínez Sandoval

    25 Febrero, 2016 at 19:20

    Muy buen artículo, en verdad muy bueno, pero creo que le faltó tocar y contextualizar un tema fundamental y que aquí en México es de los que más polémica está creando… y es el del hecho de que el Papa no quiso encontrarse con los padres de los 43 estudiantes. Muchas gracias por el artículo, lo comparto en redes sociales, y mucho éxito!!!

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