El infierno de Macbeth

Al regresar del campo de batalla Macbeth y su amigo Banquo se encuentran con un espectáculo muy singular: se topan con tres brujas. Estas le predicen a Macbeth que será rey de Escocia. A Macbeth, que ya tenía todo lo que un caballero podría desear, esta predicción lo llena de ambición. Al llegar a su castillo contagia esta ambición a su esposa, que se vuelve incluso más deseosa de poder que él. Entre los dos planean el asesinato del rey, se convierten en monarcas y su vida se transforma en un infierno…

Esta es la trama de la tragedia “Macbeth”, escrita por William Shakespeare. La cual relata el ascenso y la caída de Macbeth del trono, a la vez que relata la continua caída de su felicidad. Macbeth no termina la historia como la comenzó. Al inicio es un caballero valiente y honrado, con el favor y la confianza de su rey; y al final un hombre cargado con el peso de la culpa, un megalómano, un enfermo.

Macbeth luchando por su futuro arruinó su presente.

Creo que en el mundo de hoy puede haber muchos otros Macbeths, hombres y mujeres que buscan un futuro brillante. Se ven a sí mismos ricos, poderosos y admirados. Pero con los ojos puestos en un futuro asombroso, se construyen un presente asqueroso. Hombres y mujeres para los que el fin justifica los medios. Hombres y mujeres, que probablemente buscando un mejor futuro para sus hijos, no tienen ni un segundo en el presente para ellos. Hombres y mujeres, que para ascender en su trabajo, aceptan hacer una “trampita”.

No digo que vivamos enfocados solo en presente, ya que no podemos esperar que todo nos caiga del cielo, pero tenemos que buscar un equilibrio, en el que velando por el futuro, disfrutemos el presente, aunque esto signifique  tener un futuro menos brillante. Los futuros brillantes que hacen del presente un infierno, suelen terminar siendo ellos mismos un infierno.

“A cada día le basta su afán” Mateo 6:34

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