Archivos

El ejército de Dios.

por Arturo Tapia

El religioso es un soldado. Forma parte del ejército que sirve al único rey. Como toda milicia cada división está compuesta de escuadrones, es decir, pequeñas compañías o comunidades que se dividen para atacar mejor al enemigo. En ellas reina la hermandad. Cada soldado avanza hacia al frente porque sabe que tiene un compañero, un hermano que camina a su lado con el fusil preparado dispuesto a presentar batalla si su compañero se encuentra en apuros. El soldado de Cristo nunca está solo.
El guerrero de Cristo ha ofrecido su voluntad, fuerzas e inteligencia. No es que deje de ser libre. Él eligió libremente someterse a su rey poniendo su persona a disposición de los sargentos de escuadrón. Como ama su uniforme y su patria ha decidido sublimar su capacidad de decisión para combatir en las líneas del Rey Todopoderoso. El soldado de Cristo obedece sólo a su Dios.
Como todo soldado, el religioso ha renunciado a todos los amores para enrolarse al batallón. No los olvida, sino que aprende a quererlos mejor. La familia y los seres queridos a su corazón no son un estorbo. El combatiente ha aprendido que después de la lucha encontrará en su hogar, la verdadera patria, a todas aquellas personas que le han servido de anhelo al corazón para derramar hasta la última gota de su sangre. El soldado de Cristo ama con plenitud.
La partida hacia el ejército exige el dejar todo lo que se posee. En la línea de batalla el soldado no necesita nada. Su estandarte, su bandera y su uniforme lo son todo para animarlo a pelear con fiereza. Él sabe que su recompensa vendrá cuando haya vencido al enemigo. De los despojos de la batalla nutrirá su riqueza. El soldado de Cristo sabe que Él es su única herencia.
Nadie nace con habilidades predeterminadas. Cada hombre tiene unas cualidades que lo distinguen de los demás. El defensor de la verdad aprende las técnicas de la lucha en la academia de la vida religiosa, y junto a sus cualidades naturales, las pone al servicio de su escuadrón. El manejo de las armas, la habilidad, la desenvoltura en el campo, son estratagemas que se producen en la casa de formación. Depende de cada recluta el desarrollarse apropiadamente para la lid. Nadie lo somete. Es él mismo su propio guía de formación. Sabe que cada minuto que pasa, es un minuto precioso que no podrá recuperar cuando esté en el campo de batalla. El soldado de Cristo busca la autoformación.
El partidario del Reino de los cielos, sabe que su patria está por venir. Sabe que su vida es un elemento constitutivo de la extensión del poderío del Redentor. Es por eso que se enrola bajo las órdenes del que conoce que es el Rey del universo. No duda de que la victoria será suya. Por eso se hace religioso. Por eso se alista a las huestes de Cristo, porque su patria no está en esta tierra sino que ha de venir con la resurrección de los muertos. Y batalla con un grito en el pecho: “¡Que venga Tu Reino, Señor!”

Loading Facebook Comments ...

Deja un comentario