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El accidentado sínodo de la familia

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Por Javier Gaxiola, LC

Corría el año 1301 cuando el Papa Bonifacio VIII publicaba en Roma una Bula pontificia llamada “Asculta filii” (Escucha hijo). En ella, el Papa reprochaba al rey Felipe el Hermoso no haber tomado en cuenta su bula anterior, la “Clericis laicos”, en la cual ponía el grito en el cielo por los nuevos impuestos de los clérigos y lo acusaba de no obedecer al Obispo de Roma.

La bula fue quemada antes de llegar a Francia.

En cambio el Rey redactó una bula falsa titulada “Deum time” (Teme a Dios), con la que el rey puso en contra del Papa a obispos, clérigos y laicos, haciendo parecer que lo que el Papa quería era someter al rey en asuntos temporales y volver a un régimen que, de tan viejo, olía ya a queso francés. En fin. La versión medieval de las campañas negras.

Independientemente de la enigmática y difícil personalidad de Bonifacio VIII y de los históricos pleitos entre él y el Rey de Francia, el hecho es que ya entonces, hace más de 700 años, existía la sucia manía de manipular y de usar la poderosa arma del lenguaje para ejercer presión y lograr los propios intereses, a costa de la verdad.

El sínodo de la familia celebrado en Roma la semana pasada, sufrió algo por el estilo. Era de esperar, dado la relevancia de los temas, alrededor de la cuales los medios armaron un mar de polémicas. Polémicas que se convierten en titulares y titulares que se convierten en ventas. A esto se le suma la complejidad del monstruo de la prensa actual, que entre tuits y blogs ya no sabe uno a quién creerle. Pero eso, como dijo el otro, es otra historia.

El hecho es que la atención se centró en los 200 y pico obispos que participaron en torno a Francisco para analizar temas delicados sobre la familia. Se reunieron en torno a Pedro, en colegialidad episcopal, para llevar a cabo un camino de discernimiento espiritual y pastoral, como refería el Santo Padre en su mensaje inicial. Como sabemos esto a los medios no les interesa. Los dos reflectores principales a los que apuntaban la mayoría de los titulares que giraron en torno al sínodo, fueron por un lado el del acceso a la comunión de las personas divorciadas y vueltas a casar y por otro la posición de la Iglesia frente a las uniones homosexuales.

Muchos nos preguntamos: ¿y el Papa qué piensa? ¿Qué opina al respecto? El director de la sala de prensa de la Santa Sede, el P. Federico Lombardi, revelaba un interesante gesto de auténtica escucha de nuestro querido Papa Francisco, pues sólo intervino públicamente tres veces en todo el sínodo. Al inicio, invitando a los participantes a hablar claro y con franqueza para favorecer el diálogo fraterno y llegar a conclusiones realistas. Al final con un discurso conclusivo y con la homilía de la misa en la que se beatificó al Papa Pablo VI, en la Plaza de San Pedro. Quiere decir que el Papa dedicó más tiempo a escuchar que a hablar. Y al parecer es lo que quería.

Es obvio que después de la invitación inicial, los Obispos y Cardenales dieron inicio a una discusión sin precedentes en los sínodos. No porque los sínodos anteriores no la hayan tenido, pero éste en especial requería que se expresara lo que se pensaba, sobre todo porque cada uno de los participantes llevaba consigo la reflexión personal, la de sus conferencias episcopales y la de miles de fieles de sus diócesis.

La relación final del sínodo es una joya. Primero por el análisis teológico-sociológico que hace sobre la familia de nuestro tiempo. Vale la pena leerla para reconocer las fuerzas y debilidades por las que las familias de hoy se ven asediadas. Pero también porque refleja la diversidad de opiniones dentro del colegio cardenalicio. Una diversidad que a Francisco no le asusta, e incluso parece gustarle. En el fondo es un Papa que ve en la diversidad una oportunidad para discernir con más claridad y objetividad la Verdad que viene de Dios.

Al final, el documento en sí es sólo una preparación para lo que viene. Es como un abanico, donde se presentan los retos y se comienza a hablar de posibles soluciones. Al sínodo próximo le tocará llegar a las conclusiones pertinentes. Lo que se publicó, es el documento base sobre el que se trabajará en el sínodo del año que viene. Y aunque “doctores tiene la Iglesia”, el Papa exhortó a todos los fieles a participar en comunión con sus pastores durante todo este año con su oración y su reflexión personal. Porque un sínodo es un camino que se emprende, se realiza y se concluye en comunión.

Hasta aquí la contextualización del documento. Pasemos a su contenido.

El documento es lo suficientemente completo para ser un texto base, pero obviamente no es conclusivo. Comienza diagnosticando la situación actual de la familia en la sociedad, presentando una serie de retos y problemáticas actuales, que preocupan a los pastores de millones de fieles. Y es que la cuestión principal del sínodo no fue la de la comunión de los divorciados, ni todos los particulares que de ahí se derivan. La Iglesia va más a fondo, preguntándose qué ha pasado en los últimos decenios para que la familia se haya devaluado tanto y se haya vuelto tan frágil y qué consecuencias sociales, pastorales y espirituales emergen de esto. Todo esto para poder fortalecerla, pero partiendo de una visión realista que tiene en cuenta todos los particulares, tanto fortalezas como amenazas. Considera después la doctrina tradicional y vigente de la Iglesia, haciendo continuas referencias a la Sagrada Escritura y a documentos del milenario Magisterio católico. Finalmente, el documento concluye presentando la confrontación de las diversas opiniones al respecto de temas como la comunión a las personas divorciadas vueltas a casar. Es ahí donde se encuadra la morbosa polémica, y llama la atención que muchos de los medios presenten una caricatura del sínodo y no su integralidad.

Bajando a lo concreto, se menciona, por ejemplo, la necesidad de agilizar el proceso de reconocimiento de matrimonios nulos, proponiendo 3 posibles soluciones al respecto: 1) La supresión de la necesidad de la doble sentencia; 2) la posibilidad de encontrar una vía administrativa a través del Obispo local y 3) un proceso breve para aplicarse en casos de nulidad evidente (cfr. n.48, Relatio Synodi).

Respecto a la comunión de las personas divorciadas vueltas a casar, el documento reconoce que hay quienes piensan que podrían acceder en algunos casos, sobre todo cuando se trata de situaciones particulares muy precisas o cuando se trata de casos irreversibles y ligados a obligaciones morales hacia los hijos que sufrirían de lo contrario sufrimientos injustos. Dicho posible acceso a la comunión tendría en cualquier caso que estar precedido de un proceso penitencial, bajo la responsabilidad del Obispo diocesano(cfr. n.52, Relatio Synodi). Aún así, el número no obtuvo los votos necesarios para alcanzar la aprobación.  Eso significa que es un tema en el cual hay bastante debate y no se alcanzó consenso. De todos modos, el tema se queda abierto para la reflexión posterior.

Lo mismo sucedió con el tema de la pastoral hacia las personas homosexuales. Se habló de respeto y de evitar cualquier tipo de discriminación hacia las personas que experimentan estas tendencias. (cfr. n.55, Relatio Synodi) El número no alcanzó los votos necesarios para ser aprobado, lo cual puede significar dos cosas: o la formulación no fue la más adecuada, o detrás del número hay propuestas mucho más atrevidas y peligrosas para algunos.

De cualquier modo, el sínodo fue sobre la familia y no sobre el divorcio ni sobre la homosexualidad. Ya decía el Cardenal Luis Tagle, Obispo de Manila, con cierto tono de queja, que no era verdad que los únicos temas afrontados con pasión fueran los dos ya mencionados. “En realidad otros temas también fueron muy apasionados en la asamblea, pero no tuvieron la cobertura que hubieran merecido” decía el Card. Tagle en una entrevista concedida después del sínodo. Después mencionó los temas a los que se refería: la situación de los refugiados, la paternidad y maternidad ejercida por personas que sufrieron la guerra siendo niños, la ayuda internacional a países pobres entregada bajo condiciones inmorales.

Al Papa Francisco poco o nada le importa lo que se diga en los medios. En su discurso conclusivo, reconoció las diversas tentaciones posibles para la Iglesia que se reúne “cum Petro et sub Petro“(con Pedro y bajo Pedro) para discernir este tipo de temas en pleno siglo XXI: la del endurecimiento hostil de los tradicionalistas e intelectualistas, la del “buenismo” de progres y liberales, la del querer bajarse de la cruz y ceder al espíritu del mundo, la de descuidar el depósito de la fe y ¡usar una lengua minuciosa y un lenguaje pomposo para al final no decir nada!

Al final, el Papa después del sínodo, pronunció un discurso magistral, en el que dejó claras cuatro cosas:

1) Que no hay misericordia sin verdad, ni verdad sin misericordia.

2) Que el diálogo y la discusión no amenazan la unidad de la Iglesia, siempre y cuando se haga con caridad y en sedes y momentos oportunos.

3) Que el Papa es “servo servorum Dei” (siervo de los siervos de Dios) pero también “Pastor y Doctor supremo de todos los fieles en la Iglesia.” (CDC 749). Trabaja en colegialidad, pero la última palabra la tiene Él.

4) Que ni él ni la Iglesia tienen miedo de agarrar al toro por los cuernos, con esa libertad de los hijos de Dios y la autoridad del Espíritu.

Lo malo es que a muchos medios se les llena la boca de titulares, y no presentan la verdad integral de los hechos. Y así, mensajes tan ricos como las conclusiones de un sínodo, son manipulados con etiquetas sensacionalistas. Como la bula del de 5 de diciembre 1301, son quemados en el camino.

Soy mexicano. Me gusta tocar el piano y comer rico. Me encanta escribir y compartir experiencias con amigos. Me gusta viajar y conocer gente nueva. Estoy enamorado de Cristo y la Iglesia Católica por quien vivo y a quien busco servir con todo mi corazón. Soy Legionario de Cristo en formación.

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