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Diálogo entre la Iglesia y el fútbol

Por Gerardo Bouzada, LC

El fútbol es un deporte de poco más de un siglo de vida. En cambio, la Iglesia católica cuenta ya con dos mil años de historia. Nos podemos preguntar: ¿han dialogado estas dos realidades? ¿La Iglesia con su mayor carga de años se acercó al fútbol? Es un hecho que el fútbol atrae las miradas de millones de espectadores que a diario experimentan lo que describe Alejandro Dolina en sus Apuntes del fútbol en Flores: “En un partido de fútbol caben infinidad de novelescos episodios. Allí reconocemos la fuerza, la velocidad y la destreza del deportista. Pero también el engaño astuto del que amaga una conducta para decidirse por otra. Las sutiles intrigas que preceden al contragolpe. La nobleza y el coraje del que cincha sin renuncios. La lealtad del que socorre a un compañero en dificultades. La traición del que lo abandona. La avaricia de los que no sueltan la pelota. Y en cada jugada, la hidalguía, la soberbia, la inteligencia, la cobardía, la estupidez, la injusticia, la suerte, la burla, la risa o el llanto”.
 Estas vivencias no han sido ajenas a la vida de Karol Wojtyla. Existen varias fotos en las que aparece jugando de portero cuando era seminarista en su querida Polonia. Y luego como Papa continuó promoviendo el deporte como lo atestigua el año jubilar.
 El 8 de mayo del 2000, Juan Pablo II tuvo un encuentro con varios representantes del mundo del fútbol europeo en el contexto del año jubilar. El Papa reflexionó serenamente sobre los valores y antivalores del fútbol, e invitó a los representantes a que conquisten el fútbol perfecto en donde el Ser predomine sobre el Tener para que ningún protagonista de ese maravilloso espectáculo se convierta en un objeto.
La Iglesia se acerca al contexto cultural futbolístico, convencida de que tiene auténticos valores humanos que, al relacionarse con Cristo, son liberados de imperfecciones, propias del hombre caído, y quedan enmarcados en la visión global que ofrece la divina revelación, hasta llegar a su pleno florecimiento. Por eso, Juan Pablo II invitó en el año 2000 a los representantes del mundo del fútbol, y su eco nos invita hoy a nosotros, a convertirnos en una propuesta positiva de solidaridad y fraternidad, de respeto mutuo y confrontación leal entre los hombres, para ganar con hidalguía el partido de nuestra propia vida.
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