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Día 9: el papel de la Virgen María

Hemos comparado nuestra santificación a una maravillosa obra de arte. El Espíritu Santo es como el pintor. Nosotros somos sus colaboradores, que ayudan a preparar el dibujo. Cuando la obra está avanzada, será Él quien tome el control. Nuestra colaboración viene a través de las virtudes. Pero en el momento más importante, Dios mismo actúa de manera inmediata. Esta acción directa de Dios en nuestras alamas para santificarnos es lo que llamamos dones del Espíritu Santo.

Todos los aspectos de nuestra vida deben ser transformados por el Espíritu Santo. Por eso se dan nombres diversos a los dones, según ayuden en un aspecto o en otro de la vida del cristiano. La tradición ha reconocido siete dones, que son, como hemos visto, Temor, Fortaleza, Piedad, Consejo, Ciencia, Entendimiento y Sabiduría.

Pero el Espíritu Santo no es el único actor en la obra de nuestra santificación. La Virgen María es su gran colaboradora. Cuando Jesús vino al mundo, necesitó también la colaboración de una mujer. El ángel Gabriel anunció a María que el Espíritu Santo la cubriría con su sombra. La Encarnación fue posible por el sí de María. Y Dios ha querido que Ella también tenga un papel muy importante cuando Jesús nace de nuevo en el alma de cada cristiano. Por eso, si el Espíritu Santo es el Santificador, María es su Esposa. En nuestra vida espiritual les necesitamos a ambos.

Por eso dice la Escritura que antes de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo vino a los apóstoles, también estaba presente María. Ella es el mejor ejemplo de lo que el Espíritu Santo quiere hacer en nosotros. Ella se prestó para recibir el don de Dios. Ella concibió a Jesús en su vientre. Pero también lo imitó en su vida. Por eso para nosotros no es solo un buen ejemplo, sino también una poderosa intercesora.

El día de nuestro bautismo hemos recibido todo lo que necesitábamos para ser santos. Pero la vida interior debe desarrollarse y crecer. Y ayudar en este crecimiento es el papel de una Madre. Para acrecentar en nosotros los dones del Espíritu Santo tenemos un medio muy sencillo y eficaz. Es la intercesión de María. Junto a la Virgen, pidamos a Dios que nos aumente su gracia. Como los apóstoles, esperemos con Ella la venida del Espíritu Santo en Pentecostés.

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