Día 3: don de Fortaleza

Dijimos que las virtudes son como el “modo humano” de santificarnos. Y los dones son el “modo divino” en que el Espíritu Santo trabaja en nuestras almas. Cada don tiene un área de trabajo específica dentro de la persona. Como vimos, por medio del don de Temor, Dios ordena nuestras facultades para que no podamos alejarnos de Él. Pero ese es solo el primer paso.

En la vida espiritual, nos encontraremos dificultades, enemigos y peligros. El don de Fortaleza está pensado para ayudarnos a vencerlos. Como su nombre lo indica, es una fuerza especial que nos permite seguir adelante en nuestra determinación de ser santos, incluso cuando el ambiente se vuelve adverso.

Podríamos imaginar nuestra fuerza espiritual como la batería de un teléfono celular. El teléfono tiene muchas aplicaciones útiles. Pero cuando las usas, te vas acabando la batería. Y si se agota por completo, el teléfono se apaga (cosa que puede causar gran frustración). Pero para eso alguien ha inventado una buena solución: las baterías externas. Si conectas el teléfono a uno de estos aparatos, puedes gozar de varias horas más de uso.

En la vida espiritual, tenemos nuestra propia batería. Pero cuando esa batería se agota, tenemos la energía que viene del Espíritu Santo. Nuestro trabajo se realiza a través de virtudes como la paciencia, la perseverancia y la fidelidad. Todas ellas están agrupadas en torno a la virtud cardinal de la fortaleza. Pero este grupo de virtudes, aunque es eficaz, no siempre es suficiente. Porque como hemos visto, las virtudes son el modo humano de actuar. A veces, para alcanzar la salvación de nuestras almas, no basta la virtud de la fortaleza. Se necesita un don del Espíritu Santo. Este don lleva el mismo nombre de la virtud: es el don de Fortaleza.

El apóstol san Pablo escribió: “Todo lo puedo en Aquel que me conforta” (Fil 4, 13). San Pablo tenía una gran confianza de que sería capaz de vencer cualquier dificultad o amenaza. ¿Y en qué basaba esa confianza? ¿En sus propias fuerzas? No. En la fuerza de Dios que estaba siempre con él. Esto es lo que el don de Fortaleza produce en las almas. Por eso, cuando estés cansado de luchar solo con tu esfuerzo, pide a Dios que acreciente en ti el don de Fortaleza.

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1 Comment

  1. 26 noviembre, 2015 at 01:52 — Responder

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