Archivos

De osos pandas, Coldplay y el Sagrado Corazón.

Tengo una confesión que hacer. Los pandas son mis animales favoritos. No sé si es por los colores que tanto se asemejan a mi outfit habitual, o por la masa corporal que también es parecida a la mía. Pero el punto es que no encuentro animales más simpáticos, sandungueros y apapachables que ellos. En el fondo, aunque jamás he visto uno en vivo, tengo mi idea de que los pandas son los seres más felices, cariñosos y perfectos sobre la tierra. Comen, cuidan a sus panditas, juegan, hacen el “ganso” y duermen. Poco más.

Pero, ¡oh tragedia! Los pandas tienen un lado oscuro. Leí recientemente en un artículo del Washington Post algunos datos de estas amigables creaturas que me dejaron perplejo. Ahí les van. Las madres pandas, rechazan y abandonan a sus creaturas más débiles, cuando empiezan a descubrir que hay una más fuerte. Y qué decir de los pandas padres: abandonan a la madre con su pandita desde el momento inmediatamente posterior al apareamiento. No toman parte de la crianza, sino que viven habitualmente solos.

Ok. Los seres humanos no somos siempre especialmente simpáticos y amigables, es verdad. Pero las reveladoras verdades científicas de estos ositos me abrieron los ojos… y es que los seres humanos tenemos un corazón. No me refiero al órgano muscular circulatorio. Con corazón me refiero a la interioridad que nos hace diferentes y superiores a los animales. Los seres humanos podemos amar. No abandonamos a nuestras creaturas una vez concebidas. Los padres no abandonan habitualmente a los hijos, sino que los acogen e introducen a la vida, con detalles de amor que sólo los humanos somos capaces.

Más aún: los seres humanos no nos conformamos sólo con amar a los hijos o ser amados por nuestros padres. ¿Quién dice: “a mí me basta ser amado por mi papá y mi mamá, y ya no me hace falta ni amar a nadie más, ni que nadie más me ame”? Aunque hayamos sido los más consentidos como hijos e hijas, seguimos buscando el amor a diestra y a siniestra. Nos gustan los cumpleaños, los romances, los viajes, las amistades. Nos pirramos por los shares, los likes, los favs y los retuits. No nos conformamos con ser amados por sólo una persona. Queremos más, y más.

Incluso, como dice Coldplay: “When you use your heart as a weapon, then it hurts like heaven”. En palabras bíblicas: “De los frutos de sus pecados será presa el impío(Pr 5, 22) En cristiano: no hay un arma más destructiva (y autodestructiva) que el mismo corazón humano. Lo usamos para ser amados, para amar, pero también para traicionar, para herir con palabras ceñudas y crueles, para matar y para humillar. Mentimos por amor, traicionamos por amor. Coldplay de nuevo: “So tell me you love me. And if you don’t then lie, lie to me”. En ese sentido somos mucho más complicados que los pandas.

¿Porqué somos así? ¿Porqué nada nos es suficiente? ¿Porque no nos basta una persona para amarla y ser amados por ella? ¿Por qué mi pareja y mis hijos no son suficientes? ¿Qué necesidad de ofender no sólo con palabras sino también con el corazón? ¿Porqué podemos amar a quien no nos ha dado nada, o terminar odiando a quien tanto amábamos?

Y Dios creó al hombre a su imagen y semejanza” (Gen 1, 26). Somos la copia duplicada de un corazón que ama exageradamente. Lo llevamos en la sangre. Nuestro corazón tiene sed de infinito. Somos hijos amados de un Dios que ES Amor (1 Jn 4, 7). Y un amor rojo Ferrari: intenso y extremo. No que “hace cosas bonitas”, o que “ama cuando está inspirado o cuando se le antoja”, o que “hace el amor”… es un Dios que ES amor. Es su esencia, su ser más íntimo.

¿Y entonces por qué usamos el corazón como un arma destructiva? El amor, o es libre o no es amor. Por eso se equivoca, por eso sale herido, y por eso necesita ser curado.

Este mes de junio, es el mes de SU Sagrado Corazón. Es el mes para recordar y hacer la experiencia de esa Verdad de nuestras vidas. No eres ni lo que produces, ni tu éxitos, ni tus fracasos, ni la cantidad de likes o shares que recibes, ni lo que posees. Las matemáticas del Reino son diferentes. Tú fuiste creado a imagen del Amor. Y lo que te define es que eres un hijo amado por un corazón que te amó antes. Mucho antes de que nacieras y antes de que pudieras hacer o pensar cualquier cosa digna de ser amada. Antes de merecer cualquier amor, o de demostrar que eras bueno o buena para algo. No hay pecado que sea más grande que esa Verdad.

Así que este mes, dejémonos querer. Pidámosle a Dios y a María Santísima que nos haga el corazón inmaculado como el de ellos. Para que nos parezcamos más a ellos y menos a los pandas. Para que nuestro corazón encuentre descanso y su más íntima verdad. Que descubramos en sus heridas las nuestras, y nos dejemos curar y vendar por ellos. Que nuestro corazón dividido se convierta en uno sólo con el de Dios. Y entonces dejaremos de usarlo como arma y se convertirá en una fuente de felicidad auténtica y “de a de veras”. Esa felicidad que buscamos en el ser amados, preferidos, likeados, famosos y que nunca terminamos de encontrar, porque, para qué nos engañamos, no está ahí.

Proverbios 4, 23: “Por encima de todo cuida tu corazón, porque de él brota la vida”.

Soy mexicano. Me gusta tocar el piano y comer rico. Me encanta escribir y compartir experiencias con amigos. Me gusta viajar y conocer gente nueva. Estoy enamorado de Cristo y la Iglesia Católica por quien vivo y a quien busco servir con todo mi corazón. Soy Legionario de Cristo en formación.

Loading Facebook Comments ...

Deja un comentario