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De la lujuria a la crueldad

por Javier Rubio

Uno de mis autores preferidos, Hillaire Belloc, decía: “tengo miedo de la época que se viene, no tanto por su lujuria como por su crueldad”. Mucho se ha escrito y mucho se escribirá sobre el increíble fenómeno del best-seller “Cincuenta sombras de Grey”. En otro blog en el que escribo reseñas musicales (es.musicinsideu.com) he comentado alguna de las canciones de la banda sonora de la adaptación cinematográfica.

Interesa poco, ciertamente, por sus méritos literarios o artísticos. Digamos la verdad tal y como es: se trata de una novelita pornográfica de gasolinera (de carretera comarcal), glorificada por una admirable propaganda editorial. Tampoco interesan demasiado su evidente referencia a los romances clásicos del siglo XIX inglés: Austen, Brontë y demás o sus personajes estereotipados-más planos que la llanura castellana-. El oscuro personaje multimillonario, arrogante y controlador (un Mr. Darcy del siglo XXI), y una heroína de esas de “venid a rescatarme que no soy capaz de dar un paso por mí sola”, que quisiera parecerse a Elisabeth Bennet pero que no le llega ni a los tobillos. Una buena dosis de familias disfuncionales, adicciones, algo de intriga para estirar la trama a tres libros… y voilà: un best-seller erótico.

Lo que más me interesa a mí, como aspirante a humanista y a filósofo, es el fenómeno cultural que lo circunda. Estamos en la cima de la ola del libertarismo femenino. Los países occidentales del siglo XXI seguimos al pie de la letra y con obediencia pueril la agenda marcada por las teorías llamadas “del gender”. Día a día nos conmovemos con la brutalidad de la violencia doméstica, con los asesinatos y el maltrato de mujeres en países islámicos. Familias destrozadas por la violencia, matrimonios quebrantados por la incapacidad de compromiso y la infidelidad de los cónyuges.

Y ete aquí que aparece un libro que predica esa misma violencia, ese mismo maltrato, esa misma lujuria desenfrenada que está a la base de la inconsistencia de tantos matrimonio. Y lo predica identificándolo con el verdadero amor. Y no sólo es aceptado con el silencio culpable con el que nos hemos acostumbrado a aceptar tantas cosas inaceptables, sino que se empieza a vender. Y no sólo no se denuncia y se vende, sino que además es un éxito. Y es un éxito particularmente entre las mujeres (también es cierto que son las que más leen). Y hacen una película. Y va gente a verla. Y tiene éxito. Y varios de los mejores cantantes le ofrecen su tributo con canciones para la banda sonora…

Eso es lo interesante. La incongruencia. La falta de lógica: ¿queremos violencia o no?, ¿queremos una sociedad con valores, o no?. ¿Ha leído este libro la buena de Emma Watson?, ¿no tiene nada que decir al respecto?. ¿Lo han leído los movimientos feministas violentos?, ¿es eso lo que buscan? ¿Es este el modelo de mujer para el siglo XXI?

Personalmente creo que podemos aspirar a mucho más.

Y no quiero hablar de la autora… porque esa es otra: no ha sido un hombre arrebatado por las pasiones más animales el que ha escrito esta obra de increíble mal gusto. Ha sido una mujer. Una mujer casada y con dos hijos…

De verdad, hay cosas que no se entienden. No son racionales.

Y Chesterton lo habría confirmado: “Pride makes a man a devil; but lust makes him a machine”. El orgullo hace que un hombre sea malvado; pero la lujuria lo convierte en una máquina. Sin razón, sin sentimientos, sin dignidad, sin valores.

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