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De amigos y casados

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Por: Manuel Cervantes L.C.

Todo está listo: la comida, las cervezas, el comediante. Beto lleva tres semanas organizando la despedida de soltero de un gran amigo y ha llegado el día. Salió temprano de su casa sin despedir a su esposa. Tenía prisa para aprovechar el día entero. A los amigos los ve cada 15 días y él dice que “casi siempre” termina deseando el próximo encuentro. Con ese “casi siempre” se refiere a la discusión con el fastidioso de Diego que lleva 2 meses sin verlo.

Hace tiempo me platicaba un joven que pasó un tiempo enojado con Dios. “Es mi amigo”, me decía, “pero no quiero estar con él, no quiero rezar”. Durante unos meses se mantuvo al margen y le reprochaba lo que consideraba las “desgracias” de su vida. Mientras lo escuchaba, reflexionaba en mi relación con Dios. Yo soy un religioso y a veces nosotros también nos cansamos y enojamos.  ¿Pero por qué no dejamos de rezar?

Volviendo al caso de Beto, me pregunto cómo es su relación con su esposa. Seguramente ayudaría ver la conversación de esa noche con ella.  Es posible que lleve algunos días molesto con ella, el caso es que “tiene” que tratarla cuando llega a casa. Beto no haría tan fácilmente lo que el joven con Dios. Una cosa es un amigo y otra el compañero de vida. Por el compromiso con su esposa, Beto comienza y termina todos los días conviviendo físicamente con su mujer.

Como Beto, yo tengo un compromiso con “mi compañero de vida”. Para mí Dios es Jesucristo y no puedo tomar distancia en mi contacto con él. Mi condición de vida me “exige” tratar con él, comienzo y termino mi día incluso físicamente con él. Entre más vivo al margen de esa realidad, más me divido internamente. Corro el riesgo de vivir con él pero con mi corazón alejado de él.

Hoy quiero renovar mi amor con Jesucristo, pedir perdón por lo que haya podido descuidarlo. Invito a todos los casados a cultivar el amor en una unión de corazones. Para mí puede consistir en alguna oración espontánea, un “Señor, te quiero, acompáñame, perdóname”. Para los esposos puede ser un Whatsapp: “te extraño, te quiero ver, perdón”. El amor está hecho detalles, de gestos. Por eso debemos cuidarlo y renovarlo continuamente.

Los amigos los llevamos en el corazón, pero normalmente no convivimos con ellos todos los días. Siempre me gustó cuando definen a la pareja en el matrimonio como tu compañero de vida. Cuidemos nuestro compromiso, apostemos por ser fieles con quien hemos comenzado un camino de amor.

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