¿Cuánto vale mi tiempo?

“Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo las roba y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor. Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre».” (Jn 10,11-18 / IV Domingo de Pascua B)

 

 

Hay un tema que siempre me deja pensando: el tiempo… A veces, pienso en cómo el tiempo sólo va para adelante… y la física no sabe explicar por qué. O cuando me puse a leer un artículo sobre la importancia de tener tiempo libre para crear… aunque decirle que “no” a los demás parezca algo egoísta. O cuando me entretuve aprendiendo sobre el liderazgo con Simon Sinek y te compara el hecho de donar $1,000 a una ONG y dedicar un sábado libre a pintar escuelas pobres…

El tiempo se nos escapa de las manos. No alcanzamos a comprenderlo ni a valorarlo. Pero una cosa nos queda clara: el tiempo no sale barato. Al contrario, el tiempo puede salir muy caro. Basta ver cuánto cobran algunas personas por dar una conferencia de una horita… Basta ver cuánto nos cuesta ofrecer un poco de nuestro tiempo y ponerlo al servicio de alguien más. El dinero, las posesiones, los títulos… todo se puede volver a conseguir si uno lo pierde: si doy $1,000, los puedo volver a ganar… Pero un minuto que le regalo a alguien, jamás va a volver.

Y Jesús nos vuelve a sorprender. No le bastó hacerse hombre. No fue suficiente enseñarnos la verdad. No estaba contento con curar enfermos, sacar demonios y resucitar muertos. Él quería darlo todo; Él quería darse totalmente. Y por eso lo ama el Padre: “porque yo entrego mi vida…” Jesús no sólo nos dio una hora ni un día ni un año: Jesús nos dio todo su tiempo, nos dio toda su eternidad divina. Nos lo dio todo porque nos ama y quiere vernos felices, a su lado, para toda la eternidad. El precio que pagó era caro… ¡carísimo!… Pero no dudó ni un segundo.

Yo digo que amo… que amo a mis papás, a mi pareja, a mis hijos, a mi familia, a mis amigos… a Dios… ¿Qué estoy entregando yo por ellos? ¿Les doy dinero? ¿Les doy más cosas materiales? ¿Les doy distracciones? ¿O les doy lo que de verdad vale, lo que sólo yo les puedo dar… les doy mi tiempo, mi persona… les doy todo? Queremos sentirnos amados por Dios, queremos escuchar su voz, queremos ver su mano en nuestra vida… pero ¿estamos dispuestos a pagar el precio? ¿Estamos dispuestos a entregar nuestra vida, como lo hizo Cristo por nosotros?

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