Archivos

Cristo, nuestro Amigo crucificado

La Pasión en Monseñor Robert Hugh Benson

El Papa Francisco al recomendar la lectura de “The Lord of the world” (El Señor del mundo) está ayudando a rescatar la memoria de uno de los más grandes autores cristianos de las letras inglesas. En su tiempo fue una sensación: el hijo del arzobispo anglicano primado de Canterbury, una promesa intelectual y espiritual de la iglesia de Inglaterra… ¡que se “pasó a los papistas”! Un pastor anglicano que se convirtió en sacerdote católico, ¡y qué sacerdote! A su pronta muerte, con sólo 43 años, era un hombre de una estatura espiritual y humana propias de otra época. Hoy en día, en el vacío de espiritualidad y de humanismo que nuestra cultura arrastra, una personalidad así destacaría como un gigante entre enanos. Figura de esas que hacen época. Y que – normalmente – no se olvidan. O no se deberían olvidar.

La contemplación de la Pasión es un tema recurrente al considerar la vida y la obra de este joven clérigo converso. La experiencia del desasimiento, del abandono, la oscuridad, inseguridades y rupturas que implicó para él su camino de conversión, están en armonía con sus meditaciones sobre los sufrimientos del Salvador. El peso de profundidad con que transmite, manifiesta la honda experiencia personal del dolor en su propia vida. Y es precisamente en esta experiencia personal donde él encuentra el sentido y la luz en medio de este misterio de oscuridad del sufrimiento humano: la Presencia de Dios. Cuando nos acercamos a su obra, notamos con claridad que el centro de su pensamiento es Cristo, Dios y hombre. La tensión que el mundo vive es una lucha entre la trascendencia y la inmanencia, que Cristo, con su Encarnación y con su Pasión vino a culminar. Es así como presenta a Jesucristo en su obra, como el Amigo que viene a hacerse presente en nuestras vidas, a acompañarnos en nuestras luchas. Como el Redentor que viene a cargar con nuestra Cruz.

Siguiendo el precioso texto de su obra “La Amistad de Cristo”, podemos recorrer las estaciones de la Cruz hasta el Calvario y escuchar allí las siete Palabras del Dios Hombre, que es nuestro Amigo y Hermano. En cada una de ellas, Benson nos muestra con clarividencia y finura, una faceta de su amor y del modo en que quiere estar presente en nuestras vidas.

Quiere estar a  nuestro lado cuando falta alguien que, no sólo nos evite el sufrimiento, sino que sufra con nosotros; alguien a quien manifestar en silencio los pensamientos que las palabras no pueden expresar…: “Y parecen no comprender que ése es el puesto que Jesús desea ocupar; que su supremo anhelo es el de ser admitido, no en el trono del corazón o en el tribunal de la conciencia, sino en el rincón más oculto del alma, donde un hombre es más él mismo y donde, por lo tanto, se encuentra más profundamente solo”.  Quiere estar a nuestro lado cuando descubrimos nuestra miseria, nuestra debilidad… como el ladrón crucificado junto a Él. Cuando pedimos ayuda, cuando hemos aprendido la lección de Aquél que tomo la forma de un siervo, del que era manso y humilde de corazón, “en ese instante, el alma siente que Él la rodea con sus brazos, la besa en los labios y le dice al oído: ¡Hoy estarás conmigo en el paraíso!”.

Quiso sentir con nosotros la desesperación más profunda del abandono más profundo, “la muerte de las muertes”. Acompañarnos en la angustia suprema, en las horas de pérdida y agonía, “Su cuerpo, exhausto y martirizado en la cruz, es una débil representación de la agonía de su alma abandonada”…

Ha consumado en la Cruz el sacrificio por nosotros y nos ha abierto las puertas del cielo y de la gracia. No podemos dejar pasar este regalo del Salvador y de su presencia en la Iglesia y en los sacramentos: “En el nombre de Cristo, empecemos, porque Cristo ha terminado (…) Consumatum est”.

La constante que aparece magistralmente hilvanada en todas sus obras es la presencia fuerte de Dios en el drama humano, la lucha de las fuerzas del espíritu en medio del mundo y de la carne. Es fácil descubrir la figura del Cristo doliente en todas y cada una de sus obras: en la fortaleza ante el martirio de los padres jesuitas en “Come Rack, come Rope!”; la fidelidad en la fe y en la entrega, en medio del triunfo de las fuerzas del mundo y de la oscuridad en “The Lord of the World”; o en el Getsemaní del camino personal de conversión que relata en sus preciosas “Confesiones de un converso”. Benson trata de hacernos llegar, con imágenes muy vivas y escenarios históricos, autobiográficos o incluso de ciencia ficción, a un mundo en que las fuerzas naturales y sobrenaturales se entremezclan, se permean y entrechocan… para hacernos constatar que este mundo, que nos presenta  “bajo la forma de parábolas”, es el nuestro. Es la realidad. Nos encontramos en un mundo que está perdiendo o ya ha perdido todo sentido de la trascendencia, recorriendo el “via crucis” en que la espiritualidad es condenada y donde sólo lo material y sensible cuenta. Es precisamente a nuestro mundo al que este sacerdote converso viene a despertar del “sueño dogmático” del  materialismo y de la indiferencia religiosa. Viene a mostrarnos que la pregunta por Dios es la pregunta fundamental de toda vida humana. Y que la respuesta está en Cristo: el Hombre Dios que ha venido a salvarnos.

              ¡Oh  Sagrado Corazón  de Jesús!

              Llama Divina que arde de deseo.

              Mi esperanza está puesta en tu amor.

              Profundo abismo de fuego.

              No puedo vivir solo ni una hora más.

              ¡Jesús, sé Tú mi vida!

              No tengo fuerzas para luchar.

             Sé Tú mi fuerza en toda contienda.

              No puedo hacer nada, ni esperar,

              ni querer, ni temer,

              tan sólo tropezar y caer.

              Sé Tú mi alma y yo mismo, amado Jesús,

              Mi Dios y mi Todo .

De “No puedo elevarme”  (Mgr. R.H Benson)

 

 

 

 

 

 

 

Loading Facebook Comments ...

One Comment

Deja un comentario