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Contemplación en Plotino

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por Lázaro García

El deseo de Dios en un artista

Deseando unirse a Él por carecer propiamente de Él el alma vuela de lo sensible a lo perfectamente superior ya que el arte como efecto de la inteligencia perfecciona al hombre y la materia que transforma pues le da formas o movimientos visibles que no posee y que imitan la naturaleza con su participación.

El artista es un ser consciente que obra y crea o es un poseído por la idea y se esfuerza por traducirlo en el objeto sensible del arte. Preguntas interesantes que plantea Plotino desde hace siglos para el artista y que nos dejan entrever lo magnífico que es consumar un trabajo a partir de la preconcepción mental que deja al artista siempre ávido e insatisfecho.

Ante el reto de encontrarse frente a la belleza que todo hombre posee en su interior y tratar de plasmar con veracidad aquello que el modelo nos ofrece como la realidad y que en su mentalidad sería la verdad Plotino apela a la inspiración como causa de una acción que constituye al artista como un eficiente conocedor de su práctica que no se adjudica el valor de mago, de creador sino tan sólo de imitador, de aficionado. Es por eso que el artista no es dueño de su interior riqueza sino que ante la variedad que sugiere la técnica y la cualificación de los sentidos el artista es un rayo de luz que disipa la niebla de las percepciones y que se ciña al orden de la mente sabia o puramente artística.

El sabio es un contemplativo, el contemplativo es un sabio porque sabe, es decir, porque ha visto (eidenai), porque tiene la experiencia, porque conoce en forma y en profundidad y puede expresar sensiblemente la belleza del inteligible a través de un logos que articula la realidad.

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