Como Pedro por su casa – LC Blog

Como Pedro por su casa

Por Javier Gaxiola, LC

100046689Cuenta la historia que cuando Pedro I de Aragón en el año 1094 acudió al sitio y toma de Huesca, España, entró como su casa que era. Eran los años de la reconquista, y a pesar de que llevaban años siendo ocupadas por musulmanes, aquellas eran tierras españolas. La frase nos ha llegado hasta nuestros días y se aplica a los que se pasan de confiados y de seguros de sí mismos cuando de lo ajeno se trata. Cuando alguien tiene mucha confianza y se comporta con naturalidad, saltándose a veces la prudencia que se supone que hay que tener ante lo desconocido.

¿De quién es el interior del hombre? ¿A quién le pertenece? ¿A su Creador o al que lo ocupa? Es un misterio. No hay duda que nuestro interior nos pertenece. Nos movemos como queremos dentro de nosotros mismos, y dejamos entrar lo que se nos pega la gana: pensamientos, recuerdos, envidias, ilusiones, aficiones, deseos, intereses, buenas y malas intenciones y decisiones. Nadie nos conoce mejor que nosotros, o al menos es lo que creemos. Pero de repente sentimos que alguien ajeno a nosotros nos habla dentro. Habla sin hablar. La famosa voz de la conciencia. De pronto y sin previo aviso, una voz discreta y sutil nos recrimina asuntos en los que estábamos 100% ciertos y seguros, y nos confundimos. Entra como Pedro por su casa. ¿Por qué sucede? ¿Con qué autoridad nos habla, si somos nosotros los dueños de nuestra intimidad? Una de dos: o somos todos unos esquizofrénicos, o hay alguien, además de nosotros, que tiene acceso a nuestro santuario interior.

La escena que nos presenta la liturgia dominical católica esta semana es impactante. Jesús entra al templo, encuentra a los vendedores y cambistas con las manos en la masa, y salen todos “chicoteados”: ovejas y bueyes, mercaderes y hasta las monedas salen volando. Hay que recordar que el templo era el centro religioso, social y cultural de Jerusalén. Se había convertido prácticamente en un banco y en una negocio de animales, que se ofrecían después como víctimas en los sacrificios cultuales. Pero el pueblo de Israel estaba ya muy lejos del fervor inicial, y habían convertido sus practicas religiosas en costumbres sin sentido. Jesús parece enojado. Se lo comen los celos. Dice el evangelista que sus discípulos, al ver el “numerito” de Jesús, se acuerdan del salmo 69: “El celo por tu casa me devora”. La causa de la rabia divina, al parecer, son los celos. A Jesús le carcomen los celos, diríamos hoy, de ver que su casa, la casa de su Padre, está convertida en un mercadillo corrupto de quinta.

Jesús entra como Pedro por su casa. El templo era suyo. Y discúlpenme que se los diga, pero también lo es nuestro interior. Jesús se escabulle de vez en cuando por el resquicio de nuestra conciencia sin pedir permiso. Se cuela por las rendijas de las puertas que nos hemos empeñado en clausurar y nos susurra amorosamente: “me perteneces, no lo olvides”. Le carcomen los celos al ver que lo cambiamos por cosas que nunca deberían de haber tomado su lugar. En gustos, se rompen géneros. Cada quién sabe qué cosas el tiempo y el descuido han ido deformando su interior. Dios reclama lo suyo de vez en cuando. Con respeto, pero con decisión. Porque nuestro Dios es el Dios del “todo o nada”. Es el Dios de la misericordia crucificada. Es el Dios del amor exclusivo y de obras.

Lo curioso es que nuestro interior es de Dios, pero también es nuestro. Somos templo de Dios, como dice San Pablo. Aunque a veces parezca más un “tianguis” o un cuarto de renta de estudiante varón de universidad. Una limpiadita de vez en cuando no le vendría mal. Y lo bueno es que con Él, siempre se puede empezar de nuevo. Cuando de nosotros se trata, Dios es el primero en remangarse.

 

 

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2 Comments

  1. César Vidal
    8 noviembre, 2014 at 20:48 — Responder

    Nuevamente gracias por todo. Un saludo desde el exilio.

  2. Lupita de Felix
    10 noviembre, 2014 at 05:05 — Responder

    Me encanta leerte y compartirlo con la gente del pueblo q estemos misionando, ahora nos toca elmTazajal, y sobre todo presumir q eres de Hermosillo e hijo de una gran amiga

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