Coco y la comunión de los santos

En su film Coco, Pixar nos abre el mundo de la creencia pre-colonial del Día de los Muertos.  Miguel, el protagonista, quiere ser músico, pero la música es prohibida en su familia desde el día—hace décadas—que su tatarabuelo abandonó la familia para continuar su carrera musical.

En el Día de los Muertos, Miguel es transferido mágicamente a la dimensión de los muertos mientras ellos vienen para recoger las ofrendas de comida dejadas en sus tumbas la tarde de la celebración.  Puede ver e interactuar con los muertos, pero no con (los vivos de) su familia, que le busca desesperadamente.  Para regresar vivo a su mundo, Miguel tiene que recibir una bendición de un miembro de su familia.  Pero su tatarabuela sólo le dará la bendición a condición que Miguel deje la música para siempre.  Miguel niega renunciar la música y decide ir en búsqueda de su tatarabuelo desaparecido para pedirle su bendición.  Así empieza la aventura.

Después de ver este film (que, a propósito, me encantó), vino inmediatamente a mi mente una comparación con la fe católica—no podía menos, era tan natural.  La creencia  en el Día de los Muertos es un tipo de respuesta para nuestro anhelo de nunca perder para siempre a nuestros amados: un deseo verdadero y legítimo.  Pero la comunión de los santos cumple este deseo perfectamente.  Aquí les dejo unos puntos más interesantes de comparación.

Los del mundo de los muertos sólo pueden venir a nuestro mundo el Día de los Muertos si su familia exhibe sus fotos.  Además, si quedan completamente olvidados, cesan de existir en la tierra de los muertos.

Nuestra fe nos dice que por medio del bautismo, nos convertimos en miembros de la familia de Dios—Dios que es la Vida misma y su memoria hace que se comparta esa Vida con nosotros.  Él JAMÁS nos olvida: «¿puede una mujer olvidarse del niño que cría, o dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues bien, aunque alguna lo olvidase, yo nunca me olvidaría de ti» (Isaías 49,15).

Luego está el gozo de una familia reunida.  Sin embargo, en Coco ese gozo no es eterno: eventualmente los muertos serán completamente olvidados en esta tierra y así dejarán de existir en la suya.  Pero el cielo y la comunión de los santos dura para siempre.  Allí se encuentra nuestra verdadera familia y casa.

Coco nos recuerda que hay un mundo más allá de lo físico, algo más grande, y da la esperanza de que el amor familiar no puede ser destinado a terminar con la muerte.

Miguel canta el tema musical, Recuérdame, para que los muertos no sean olvidados y puedan recibir la vida.  Nosotros, con el Buen Ladrón, nos volvemos hacia la Vida misma y decimos, «Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino» (Lucas 23,42).

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