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Cápsulas existenciales V. ¿Cuál es el sentido de la vida?

Quizás porque acabo de cumplir años, o quizás porque acabo de terminar mis exámenes… sea cual sea la razón, he estado reflexionando mucho en esta pregunta últimamente.

“Un hombre sale a pasear. En el camino, se encuentra con un obrero y le pregunta: ¿Qué haces? Trabajo ¿Para qué trabajas? Para ganar dinero ¿Para qué quieres dinero? Para comer ¿Para qué comer? Para vivir ¿Para qué vives? No lo sé…”. Es una de las anécdotas que más versiones tiene. A veces, el protagonista es un filósofo, otras veces un santo, un filántropo, un artista o todo lo anterior. No importa. Sea cual sea el origen de la historia, nos muestra el método de la filosofía (buscar las causas últimas) y nos introduce al tema: ¿Para qué vivimos? ¿Cuál es el sentido de la vida?

Mucho se podría decir del tema, pero el objetivo de las cápsulas no es el de ofrecer respuestas definitivas, sino el de generar espacios de reflexión sobre la propia existencia. Por lo tanto, no te ofrezco respuestas; te ofrezco vías para responder. Imagina que estas en un cuarto completamente vacío. El cuarto se llama: “El sentido de la vida”. Delante de ti, se encuentran tres puertas: I) No hay sentido; II) El sentido es inmanente; III) El sentido es trascendente. Vamos a abrir las tres antes de atravesar alguna.

La primera puerta nos muestra un vacío. La vida no tiene sentido. Nuestra existencia se consume lentamente en el tiempo del cual somos prisioneros. Vagamos por el mundo como extranjeros, esperando el momento de culminar el gran y único destino al cual hemos sido llamados: la muerte. Nacemos para morir. Nacer, crecer, reproducirse y perecer, esto es lo más cercano que tenemos a un sentido de la vida. Venimos de la nada y a la nada nos dirigimos.

Después de ese vértigo nihilista, te diriges a la segunda puerta. La abres y te encuentras contigo mismo. La inmanencia te dice que el sentido de la vida eres tú. Amar duele; el dolor es un mal; por lo tanto, tenemos que evitar el amor. El sentido de la vida consiste en un vaciarse, liberarse de toda atadura externa y alcanzar la paz con uno mismo. Hacerte nada para hacerte todo. La segunda puerta te lleva al encuentro con un Yo nirvánico, libre y absoluto.

Te diriges a la tercera puerta. La trascendencia te invita a la donación. El amor es donación; en la donación encuentras la felicidad; por lo tanto, en el amor encuentras la felicidad. La felicidad es proporcional a la capacidad de donación y, ésta, es potencialmente infinita. El sentido de la vida consiste en salir de ti mismo y amar, amar con locura, amar como nunca nadie ha amado antes. Amar duele, es verdad, pero el dolor no tiene la última palabra. El Amor es más fuerte que la muerte.

Al final, todo se reduce a esto: ¿Amar o no amar? He aquí el dilema. Nos vemos a la siguiente y que te mejores…

Hijo de Dios. Católico convencido. Buscador del Bien, de la Verdad y la Belleza.

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