Agua – LC Blog

“Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».” (Jn 20,19-23 / Pentecostés B)

 

 

Cuando contemplamos al Espíritu Santo, pensamos en fuego, en una paloma, en luz, en el cielo abierto, en celo apostólico… Pero, la verdad, casi nunca pensamos en agua. Sí, agua… Porque el Espíritu Santo es como el agua…

El agua es delicada, refrescante, dulce al contacto con la piel. La podemos ingerir o nos podemos sumergir en ella. La encontramos por todos lados. Brota de la tierra y cae del cielo; baja de la montaña y fluye por los ríos. También es fuerte e imponente: puede cortar metal y destrozar todo un país con un huracán o un tsunami.

También el Espíritu Santo nos consuela con delicadeza, nos refresca con la verdad y nos libera con sus dulces inspiraciones. Lo llevamos dentro desde el momento de nuestro bautismo y “en Él vivimos, nos movemos y existimos” (Hech 17,28). Es Dios… así que está en todas partes: nos habla en el cielo y en la tierra, en las flores y en los animales… pero, sobre todo, en cada persona que nos encontramos por el camino. Él nos impulsa a salir de nosotros mismos, a luchar contracorriente, a predicar el evangelio, a ser santos.

El agua es esencial para nuestra vida. Sin agua, estamos muertos. ¡Más del 50% de nuestro cuerpo es agua…! También el Espíritu Santo es esencial para nuestra vida. Sin Él, estamos muertos: somos como zombis caminando por esta tierra. Sin Él, vamos por allí sin rumbo y sin sentido. Sin Él, no somos nada. ¡Qué diferente sería nuestra vida si nos dejáramos guiar por el Espíritu Santo al menos el 50% de las veces! Para estar saludable hay que tomar suficiente agua: es cuestión de tomar la decisión y mantenerse firme en ella. Para ser felices, para ser santos, hay que vivir unidos al Espíritu Santo: hoy es el mejor día para tomar esa decisión y empezar a vivir “con Él, por Él y en Él…”

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