A solas con Dios

Imagínate que estás a solas con Dios en un barco en medio de un lago. El silencio es absoluto, total y se puede escuchar los latidos de ambos corazones. Estás a solas con Dios. ¡Tú y Dios! Pregúntale lo que quieras. Habla con Él. Desahógate. Cuéntale todas tus dificultades, tus problemas, tus sufrimientos, tus derrotas y victorias, tus alegrías…Dile lo que quieras. Ahí lo tienes. No tengas miedo. No puedes ocultarle nada, Él sabe todo. Te conoce perfectamente y sabe lo que hay en la profundidad de tu corazón. Él sabe lo que necesitas porque te conoce y te comprende. No tengas miedo. Ábrele tu corazón. Dios, todo para ti. Él tiene todo el tiempo para ti y aún más, tiene toda la eternidad para ti. Depende de ti. No seas prisionero de tus dudas, de tus miedos, de tus lágrimas, de tus sufrimientos, de tus pecados…ábrele el corazón. Busca la paz que solamente Él te puede dar.

Entra en tu corazón y encuéntrate con Dios. Hay muchas cosas fuera y dentro de ti que impide encontrarte con Él. No seas indiferente ante tanto amor. Dios es capaz de solucionar todos tus problemas y aliviar todos tus sufrimientos. Él es capaz de satisfacer todas tus expectativas. No te olvides que has sido creado para Él y que Él te ama con Amor eterno.

No importan las tormentas y la agresividad de las olas. Por más fuertes que sean y parezca que te vas a hundir, no te desesperes. ¡Confía en Dios! Acuérdate: Él está contigo en la barca y nunca te hundirás si estás con Él. Aunque haya circunstancias difíciles nunca te olvides que Dios está contigo. Si esto lo tienes claro, has encontrado tu secreto, tu tesoro, tu poder.

Escucha a Dios. Su Voz es potente y creadora. Capaz de sanar tus heridas más profundas. ¿Cómo será la voz de Dios? En tu corazón, hagas esta experiencia. Deja espacio a Dios en tu vida, en tu corazón.

Estás a solas con Dios en la barca. ¿Qué quieres decirle? ¿Qué quieres pedirle? ¿Qué quieres preguntarle?

Ábrele tu corazón. No lo cierres a Alguien que te ama desde toda la eternidad. No lo cierres a Alguien que con amor eterno te ha creado y te ha hecho para ser feliz. Tu corazón necesita amar y ser amado. Déjate querer por Dios. Él te ama con locura y está sediento de tu amor, de tu felicidad.

No tengas miedo de sentir que Dios te ama. Acuérdate: Él está contigo; Él te ama y nunca te olvida. Tú existes porque Él piensa en ti en cada momento. Él nunca te abandona ni te abandonará. Para Dios no eres uno más entre todos. ¡Dios te quiere muchísimo!

No cierres tus ojos y no cierres tu corazón. Un corazón cerrado y encadenado es un corazón triste y esclavizado. La verdadera libertad es la libertad del corazón. No encadenes tu corazón. Ábrelo a Dios. No hay que tener miedo si estás con Dios. No hay que tener miedo si es Dios el que lleva el timón de tu barca. Si tienes a Dios en tu corazón, lo tienes todo. Pase lo que pase, nunca olvides que Dios está contigo. Nunca te hundirás si estás con Él. Haz la experiencia de Dios. Encuéntrate con Él. No tengas miedo. Tu corazón late y desea amar  gracias a Alguien que te ama: DIOS.

Él está contigo en todo momento. Nunca te sientas solo. No tengas miedo de decirle a Dios que le ama. No pongas límites en tu amor a Dios.

La imagen de la barca es tu vida y puedes hacer esta experiencia de estar a solas con Dios en la Eucaristía y en tu corazón. El Corazón de Dios late de amor y por amor a ti en la Eucaristía. Cuando recibes la Eucaristía, Dios hace morada en tu corazón y ahí le tienes siempre y totalmente para ti. No permitas que el corazón de Dios deje de latir en tu corazón. Tampoco permitas que esto pase a los demás. Al contrario, irradia este amor a tu prójimo y dile que no está solo y que Dios le ama. Este Corazón está sediento de amor y en lo más profundo de tu corazón te está diciendo: ¡al menos tú, ámame!

Con la experiencia del amor de Dios, nunca abandones a los que te piden ayuda, a los que necesitan ayuda. El fruto del Amor de Dios por ti y en ti es la caridad. La caridad da sentido a tu vida. Encontrarás el sentido de tu vida cada vez que tu corazón lata por Dios en beneficio de los demás. Acuérdate de las palabras de Cristo a la samaritana: ¡Dame de beber! Escucha el susurro de Cristo en la cruz: ¡Tengo sed!

Estás a solas con Dios en la barca. No le dejes solo y no seas indiferente a su Amor. No le abandones. Él confía en ti. Él te ama. Él te hará feliz y te quiere feliz no solo aquí en la tierra, sino, durante toda la eternidad.

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