7 TRAZOS DE LA SILUETA DE UN CONFESOR

El perfil del confesor según Francisco

Por: José Pablo Poblete, LC

Honor y carga para el sacerdote ser confesor. Honor de perdonar, en nombre de Dios, a hombres y mujeres. Carga por ser cirineo que ayuda a Cristo llevando el madero del pecado.

Ser confesor no es sentarse unas horas en un confesionario a escuchar pecados de otros y luego rezar una oración que termina con el gesto de la cruz. Ser confesor es ser canal de la misericordia de Dios. ¿Cómo tiene que ser un sacerdote al confesar? ¿Qué espera el Papa de cada sacerdote que ejercita este ministerio de la confesión?

La Carta Apostólica “Misericordia et misera” del Papa Francisco ofrece 7 trazos concretos para delinear la silueta de un confesor. Dice así el Papa:

A los sacerdotes renuevo la invitación a prepararse con mucho esmero para el ministerio de la Confesión, que es una verdadera misión sacerdotal. Os agradezco de corazón vuestro servicio y os pido que seáis acogedores con todos; testigos de la ternura paterna, a pesar de la gravedad del pecado; solícitos en ayudar a reflexionar sobre el mal cometido; claros a la hora de presentar los principios morales; disponibles para acompañar a los fieles en el camino penitencial, siguiendo el paso de cada uno con paciencia; prudentes en el discernimiento de cada caso concreto; generosos en el momento de dispensar el perdón de Dios. Así como Jesús ante la mujer adúltera optó por permanecer en silencio para salvarla de su condena a muerte, del mismo modo el sacerdote en el confesionario debe tener también un corazón magnánimo, recordando que cada penitente lo remite a su propia condición personal: pecador, pero ministro de la misericordia.

1 Acogedores

El sacerdote no puede tener un “horario ejecutivo” para confesar. Espontáneamente debe brotar una palabra de saludo al penitente, tiene que existir una acogida breve pero cordial al confesionario, lugar de misericordia. Lograr que el penitente sepa que está llegando a su propia casa y que ahora, con él, puede iniciar la fiesta en el Cielo.

2 Testigos

El ministro ordenado experimenta en primera persona cómo Dios abre sus brazos al pecador. No importa lo que haya sucedido, no importa cuánto tiempo haya pasado. Dios derrama sus lágrimas de perdón sobre aquel hombre o mujer, y el sacerdote se hace testigo del desborde de amor del Padre.

3 Solícitos

El confesor tiene que ser diligente para incitar la reflexión sobre el pecado cometido y cuidadoso para ayudar en el camino de la contrición. Es la posibilidad de poder ilustrar cuánto amor tiene Dios por cada ser humano para que la conversión toque raíces profundas en la vida.

4 Claros

Nada de titubeos. ¡Qué importante es la formación permanente en la vida de un sacerdote! Razonar lo escuchado en confesión para poder dar un juicio que ilumine, guíe y oriente la vida del penitente. Y ciertamente, pedir mucha luz al Espíritu Santo para que susurre las palabras a ser dichas.

5 Disponibles

La conversión y el perdón son muchas veces la primera roca de un edificio. ¿Quién va a mostrar los planos a los novatos constructores? El sacerdote, en la medida que pueda, debe estar allí para seguir el camino de sus ovejas a través de la dirección espiritual y de la cercanía sacramental.

6 Prudentes

El sacerdote no está para dictar y condenar. Cada persona es única, y cada pecado está fue gestado de manera diversa. Cuánta sabiduría y oración hacen simbiosis al momento de confesar. Discernir y distinguir, y no cansarse en ello.

7 Generosos

Dar a manos llenas lo recibido. El sacerdote experimenta en su vida el cariño de Dios, y en la confesión aprende el arte de transmitirlo a todos los que sufren y se sienten solos. Nunca terminará de comprender el presbítero el misterio de Dios, la locura de su amor que no se cansa jamás de perdonar.

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